La arquitectura que no tendría que haber nacido. Los edificios más feos del mundo

Aquí estoy de nuevo dando la murga, agradeciendo de antemano las visitas diarias que recibe el blog, los likes, comentarios y demás e intentando volver con un post de calado, de gran trascendencia y con un tema que apasione a todos y cada uno de los lectores que lleguen a él… pero luego pensé en la cantidad de edificios horribles que hay en el mundo y no pude resistirme. Así que, he aquí mi lista (personal, siento si aparece algún edificio que os guste a alguno de vosotros) de los edificios más feos around the world.

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La arquitectura está considerada un arte más, pero muchas veces, como en el resto de artes, al arquitecto se le va la mano. Un edificio debe ser funcional y servir al propósito para el que ha sido diseñado, pero leñe, ya que nos ponemos, también se pueden haber atractivos a la vista, ¿no? Cierto es que el primer caso del que voy a hablaros no se encuentra en una ciudad con un entorno idílico, pero ni con esas me parece que tenga excusa. Es la Biblioteca Nacional de Pristina, capital de Kosovo, una ciudad pequeña, una ciudad que arrastra años y años de disputas que se alargan aún hoy. El edificio es obra del arquitecto croata Andrija Mutnjakovic y se inauguró el año 1982. Tiene 3 plantas de altura, irregulares, y una superficie total de 16.500 metro cuadrados. Se desarrolla a partir de una planta cuadrada, sobre la que se han ido añadiendo en altura, y de forma regular, volúmenes cúbicos hasta formar una auténtica pirámide de cubos, rematada por 99 cúpulas de cristal blanco. También cabe destacar la malla metálica, en forma de red, que recubre todo el edificio y que además actúa como parasol, difuminando la entrada de luz en el interior del edifico. Leída la explicación del edificio puede sonar incluso bien e interesante, pero el resultado es el siguiente. Valoren ustedes mismos.

Biblioteca de Kosovo

Otra biblioteca fea hasta decir basta está en una ciudad muy lejana a Pristina, cruzando el charco. Y mira que me da pena sacar las vergüenzas a relucir de una ciudad como Buenos Aires, capital de un país que surte al blog de visitas diarias, pero es que de verdad que no puedo con él. La Biblioteca Nacional de Buenos Aires es la biblioteca más importante del país y, tal y como pasa con la de Pristina, son edificios interesantes en sus planteamiento, pero, siempre a mi parecer, muy mal aterrizados. Es un edificio claramente brutalista, tendencia arquitectónica asociada a la década de los 50 pero que se desarrolló en su plenitud hasta la de los 70, aunque Buenos Aires en particular, al igual que otras ciudades de América Latina, alargaron unos años más ese esplendor brutalista, reflejándose en varios edificios en la ciudad construidos ya entrados los 80. El edificio comenzó a construirse en 1971 y fue finalizado en 1992, después de una construcción muy lenta y problemas que llevaron incluso a la suspensión de la construcción del proyecto. Los arquitectos que plantearon este edificio fueron Clorindo Testa,  Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga de Bullrich, y lo plantean de una manera genial. Pensaron en crear tres enormes depósitos para libros, revistas, periódicos y demás material bibliográfico, y situarlos por debajo del nivel del suelo por dos razones fundamentales. La primera, para preservar los libros de la dañina luz solar, y segundo, liberar a la estructura del enorme peso generado por todo ese material. Una vez claro esto, se eleva sobre pilotes la zona de lectura y estudio, colocando al usuario en lugar privilegiado, por encima de la capa vegetal que se encuentra a los pies del edificio y que lo atraviesa por esa elevación que os cuento. Un muy buen proyecto, pero con un resultado final no muy atractivo.

Biblioteca Nacional de Argentina

En la línea de los anteriores, pero con una tipología algo distinta, nos encontramos, en primer lugar, con el Aoyama Technical College, en Tokio, un despropósito que parece decirnos que el final de nuestros días está cerca por la rebelión de las máquinas. Es un edificio-Transformer-arácnido robótico diseñado por el arquitecto japonés Makoto Sei Watanabe, el cual utiliza en sus proyectos algoritmos matemáticos combinados con el uso masivo de ordenadores que generan estas preciosas, orgánicas y para nada violentas formas tan usuales para un edificio. Una locura de edificio, literalmente.

Aoyama Technical College

Pero la segunda opción que os introducía antes no es mejor que la japonesa… bueno sí, un poco mejor sí que es, pero sigue siendo avariciosamente feo. Me ha costado decidir cuál elegía, porque estaba entre poner este edificio y la Biblioteca Peckham en Londres, que también es un bicho, pero al final este se lleva la palma, me chirría más. Se trata del Centro de Diseño Sharp, en la canadiense ciudad de Ontario. Es un edificio bastante premiado y con premios nada desdeñables. Fue premiado ni más ni menos que con el reconocimiento en 2004 de la RIBA (Royal Institute of British Architects), el premio al proyecto técnico más sobresaliente de 2005 según los Canadian Consulting Engineering, y el que a mí más me gusta y más gracia me hace, el premio a la excelencia dentro de la categoría Edificio en Contexto. Vuelvo a decir lo mismo, tiene un planteamiento interesante en el que libera las vistas de los edificios colindantes hacia el Grange Park, elevando el cuerpo principal del proyecto 25’90 metros, y el edificio, en sí, se desarrolla de manera inteligente y sencilla pero, de verdad, ¿edificio en contexto? ¿Estamos locos? ¡Es un edificio rodeado por otros de ladrillo de estilo victoriano! Repito, ¿edificio en contexto?… Todo muy extraño con este edificio.

Centro de Diseno Sharp

Cambiando radicalmente de tipología, he encontrado otro par de perlas dignas de… ¿admirar? El primer caso es un edificio monstruosamente grande que destaca brutalmente en el entorno. Verlo en vivo y en directo acongoja y desde luego no deja indiferente. Es la Basílica de Higüey, en República Dominicana. Es una lástima que un país tan increíblemente bonito tenga esto. Es otro ejemplo brutalista, y prometo que no tengo nada en contra de este estilo, de hecho, me gusta bastante, pero de verdad que este ejemplo me parece de lo peor que ha dado este estilo. Las dimensiones tan abrumantes, la altura tan desmesurada, la plaza que da entrada a la Basílica… no se salva nada. Y no deja de llamarme la atención que sea uno de los edificios más visitados, ya no sólo del país, sino de todo Latinoamérica según he leído.

Basílica de Higüey

Otro templo que no puedo ni ver es la Parroquia de Santa Mónica, en la localidad de Rivas Vaciamadrid, a unos pocos kilómetros de la capital española. Su arquitecto es Ignacio Vicens, un maestro al cual admiro y tengo un aprecio especial por ser mi padrino en la carrera, pero no puedo dejar de torcer el morro, como decimos en mi pueblo, cada vez que veo este edificio. Vicens tiene ejemplos muy buenos de arquitectura sacra, materia en la cual es un completo experto, pero en este caso, aunque el interior es brutal por el tratamiento de la luz y la manera de introducirla, el resultado exterior, a mi manera de ver, desmerece ese cuidado y cariño del interior. No sabéis lo que me ha dolido escribir cada una de estas palabras.

Parroquia de Santa Mónica

Para resarcirme, voy a darle cera a uno de los hoteles más horrorosos que he visto en mi vida, el First World Hotel. Es un hotel antiguo, al cual decidieron darle un lavado de cara para alegrar los alrededores y también la lista de clientes. Lo que no sé es por qué decidieron hacer eso, porque eso no es un lavado de cara, es una capa de maquillaje grotesca que lo único que hace es llamar la atención del edificio, cuando debería disimularlo. Para mí, el mejor lavado de cara que podían haberle dado era situar con mucho cuidado, mimo, tacto y cariño, toneladas ingentes de explosivos que no dejaran más que un cráter humeante lleno de escombros que, más tarde, se dinamitarían también, por si acaso. Ni que decir tiene que volvería a dinamitar por tercera, cuarta o vigésima vez esa enorme lata de CocaCola integrada magníficamente bien en el edificio de la izquierda de la imagen…

First World Hotel

Y lo mismo que decía de República Domincana lo digo ahora de San Franciso. ¿Cómo una ciudad cosmopolita, moderna y tan interesante arquitectónicamente como San Francisco puede permitirse tener un Museo de Arte Contemporáneo tan espantoso? Mario Botta intentó crear un edificio icónico, un hito en una ciudad plagada de otros muchos, y mejores, hitos arquitectónicos. Yo no sé ni por dónde cogerlo…

Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco

Para ir terminando, que lo he cogido con ganas, he buscado una selección de torres o rascacielos que no pueden faltar en esta entrada. Y para empezar, no puedo dejar de poner una de las cosas más escalofriantes que he visto en esta profesión, la Torre Velasca de Milán, en Italia. Me parece un sinsentido de edificio, es como un vecino con síndrome de Diógenes en una urbanización de lujo. No entiendo nada de él, y estéticamente me parece que tiene la peor nota de esta lista.

Torre Velasca

Otro que se puede caer sin que yo llore su pérdida es la Torre Walden 7, en Barcelona. Este edificio es el resultado de un experimento multidisciplinar que pretendía aunar arquitectura, ingeniería, psicología y filosofía. En este caso no puedo decir que el proyecto es interesante, porque no lo es. La idea de plantear la arquitectura desde un punto de vista tan variado está bien, pero en este edificio todo está mal. Lo forman 18 torres que se desplazan de la base en forma curva, que hace que se peguen unas torres a otras. El resultado final es un laberinto inhumano, una ratonera en la que puedes morir de inanición si no vas dejando un rastro para poder salir. Me río yo de las tumbas de los faraones…

Edificio Walden 7

Otros que se quedan sin explicación, pero que también merecen una mención por su ausencia clara y manifiesta de cualquier atisbo de belleza son, entre otros muchos, la Biblioteca de Minsk en Bielorrusia, la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid, la Iglesia de Grundtvig de Copenhague, hoteles como el Hesperia de Barcelona, el Ryugyong de Pyonyang en Corea del Norte, el Gran Hotel du Lac de Túnez o el emblemático hotel Royal Towers de Bahamas, o torres como la Arcelomittal Orbit de Londres, la F&F de Panamá, la Torre In Tempo de Benidorm (olvido de ascensores en su diseño incluido), la Torre Žižkov de Praga, las Torres de Colón de Madrid, edificio que comparte con la Torre Velasca el derrame cerebral de sus arquitectos, o uno al que yo le tengo especial manía y que si no me lo llega a recordar Alba me lo dejo en el tintero, el Palacio de los Deportes de Madrid, que es como un grano en la frente el día de la foto de la orla, un pegote en uno de los barrios más selectos de la capital…

Como veis, la lista es larga y me quedo con ganas de más. Es alucinante las barbaridades que uno se encuentra buscando sobre este tema. ¡Con la de cosas bonitas que se pueden hacer con la arquitectura!

Ni que decir tiene que si tenéis vuestros propios edificios preferidos en esta materia escribidlos en los comentarios porque, desde luego, hay donde elegir.

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Nano Fernández

Nano Fernández

Un día estudié arquitectura y me enamoró. Por desgracia, no me pasa lo mismo con el inglés. Blogger entusiasta, aunque vaguete. Expatriado a tiempo completo.

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