#ThrowbackThursday: Mariquita Pérez

Mariquita Pérez fue una preciosa muñeca de cartón piedra creada en 1940 que sirvió para marcar las diferencias sociales entre las niñas de clase trabajadora y las niñas de clase social alta tras la durísima Guerra Civil española; “así de fuerte y así de crudo”. Evidentemente yo nunca tuve una, ni siquiera la eché de menos porque en mi generación la estrella era la Nancy y la Mariquita se hallaba en peligro de extinción.

Leonor Coello de Portugal era una dama de la aristocracia madrileña, hija del Conde Coello de Portugal, que pasaba los veranos en San Sebastián a quien, en una rifa benéfica, le tocó una muñeca de porcelana. Tenía, además, una hija, Leonor Góngora Coello, que fue la receptora del premio y se les ocurrió vestir a la niña y a la muñeca con los mismos vestidos creando, así, una gran expectación entre los bañistas de la selecta playa donostiarra.

Tan grande fue el éxito de la iniciativa que pensaron en fabricar y distribuir por las mejores jugueterías de España una muñeca diferente y especial, cuyo modelo sería su hija, y que se vestiría como las niñas (aristócratas) de la época. Pero Leonor madre era noble, sí, pero no tenía el dinero necesario y tuvo que recurrir a una socia capitalista, su compañera de colegio María del Pilar Luca de Tena, Duquesa de Verdú y así, ambas, crearon la empresa Mariquita Pérez S.A.

El primer encargo se realizó en Onil, Alicante y corrió a cargo del prestigioso juguetero Bernabé Molina que creó mil muñecas idénticas a la niña Leonor. Estas salieron a la venta en noviembre de 1940, se vendieron al precio de 80 pesetas, una fortuna para la época (un obrero ganaba 150 en un mes) y no quedó ni una dada la cercanía de las fiestas navideñas.

Para conseguir este éxito indiscutible hicieron anuncios de radio con una música excepcionalmente pegadiza compuesta por el autor de zarzuelas Jacinto Guerrero; pagaron publicidad en todos los periódicos de tirada nacional; la dotaron de DNI y le crearon una vida a base de cuentos e historias concebidas por el redactor del periódico Blanco y Negro y esposo de Leonor Manuel de Góngora y su círculo de amigos escritores: su padre era militar, José Antonio Pérez de la Escalera, la madre la vasca Marta Carvajal y Goicoechea y tenía un hermanito  (que como la Santísima Trinidad eran tres personas en una), Juanín Pérez; por supuesto María Pérez Carvajal, Mariquita Pérez, estaba escolarizada en el colegio religioso del Sagrado Corazón de Jesús y tenían un perrito Fox Terrier llamado Olé.

Fue la muñeca mejor vestida de su tiempo y creó tendencia. Sus trajes eran confeccionados por excepcionales modistas e incluso monjas de clausura, que los cosían con dedicación y esmero, empleando los mejores y más caros tejidos: organdí, batista, piqué, vichy… Aunque la idea inicial fue crear una muñeca que se vistiera como las niñas, ocurrió al revés, las niñas querían llevar los modelos de la muñeca y estos se confeccionaban y se vendían a precios desorbitados en el selecto taller de Serrano 28, en Madrid; aquellos escaparates que cambiaban cada temporada eran un auténtico espectáculo que hacían soñar con una vida mejor. En 1960, fue tal su éxito que la joven actriz Mª Sol vestía estos modelos para sus películas sin cobrar nada.

La muñeca se convirtió en un modelo de virtudes: refinada, culta, elegante, deportista. Su colección de accesorios hacía temblar a los bolsillos mejor surtidos ya que disponía de todo lo que uno pueda imaginar y todo se podía comprar: libros, cuadernos, trajes, uniforme, raqueta y equipo de tenis, equipo de esquí, sandalias, botas, muebles, calzador, botiquín, misal, rosario, pijama y un larguísimo etcétera que das un poco de vértigo cuando pensamos en que todo esto ocurría en plena posguerra.

El primer modelo de cartón piedra fue evolucionando a lo largo de los años: pelo natural, ojos estáticos, andadora, articulada, de caucho, de celuloide, rubia, morena, negra; así se fue adaptando a los tiempos y sufriendo cambios que la harían irreconocible cuando en 1976 se hicieron los últimos modelos tras rechazar una oferta de Mattel, y se tuvo que cerrar la fábrica al no poder soportar la tremenda competencia de Nancy y sobre todo de Barbie.

Esta sería una historia triste y de segregación si no fuera porque en 1998 se decidió volver a sacar al mercado la muñeca, esta vez con un talante menos selecto y más de colección. Una muñeca para los nostálgicos que quieren regalar a sus hijos un juguete de calidad alternativo a los tecnológicos y a la anoréxica Barbie que ofrece un aire mucho más capitalista y caprichoso. Tengo que reconocer que caí en la tentación y mis hijas tienen sendas Mariquitas. ¡Juro que nunca soñé con formar parte de la alta sociedad, lo juro!

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Katy Rioja

Katy Rioja

Soy Katy Rioja Arano, nací hace unas cuantas décadas en Pamplona. Tras estudiar Filología Hispánica e investigar sobre la figura del escritor navarro José María Iribarren, me dediqué a la docencia, primero en Bruselas, luego en Pamplona y finalmente en Tudela (Navarra) durante 26 años. Avatares de la vida me llevaron a abandonar mi profesión y desde entonces me dedico a escribir, leer, colaborar en un espacio radiofónico de Onda Cero y en esta web; pero, sobre todo y por encima de todo, me ocupo y me preocupo de vivir.

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