Cuando la arquitectura te hace sentir pequeño. Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona

Siempre hay ciertos arquitectos que te infunden un respeto especial, arquitectos de los que uno no duda que lo son. Es raro, y sobre todo variado, pero todos tenemos un cierto feeling con algunos arquitectos por los que por fin podríamos contestarle que sí a nuestra madre si nos preguntara que si él o ella se tirara por un puente, nosotros lo haríamos también. En mi caso, uno de mis arquitectos fetiche es Antoni Gaudí. Y con él, además, se da una cosa que no se da con el resto. Le “admiro” como arquitecto y le ADMIRO como persona. Y paso a explicar la tontería de las comillas y las mayúsculas. Éstas últimas creo que está claro.

Esa palabra escrita con mayúsculas sólo puede tener un significado, pero como arquitecto he tenido que ponerlo entrecomillado porque tengo que confesar que por muchas ganas y esfuerzos que he puesto, no consigo que me guste ningún edificio suyo. Salvo, claro está, la que a mis ojos, es la Gran Obra de los últimos 150 años. Está claro que la Sagrada Familia de Barcelona no es el edificio más alto del mundo, no se están utilizando los materiales más novedosos ni se usan las técnicas de construcción más vanguardistas, pero no se me ocurre ningún otro edificio construido en los últimos dos siglos que alcance a llegarle a la Sagrada Familia a la suela de los contrafuertes. Es un edificio que me deja sin palabras, un desafío hecho piedra contra todo y todos, un ejemplo de arquitecto comprometido con su proyecto. Es un edificio que fue, y es, la vida de su arquitecto. Y por todo esto, y más cosas sensibleras que se me ocurren pero que no digo, tenía pendiente escribir sobre este edificio desde hace mucho tiempo. Pero había que hacerlo bien. Y espero que así sea, porque si supierais lo que he tardado…

Hace unos meses se subió a la red un vídeo en el que se muestra la evolución futura que irá teniendo la gran obra religiosa de los últimos tiempos, la última gran catedral del mundo, la Sagrada Familia de Barcelona. El vídeo en cuestión es este, y la verdad es que no me extraña que se extendiera por el mundo de los blogs a la velocidad que lo ha hecho, porque mola un montón.

Pero con esta obra pasa que parece que no existe lo ya construido, sólo esperamos que se termine ya, y mientras tanto disfrutamos con lo que hay, con una especie de actitud conformista. Pero ya hoy en día la Sagrada Familia tiene mucho que contar, ya que es el primer edificio y el último en su categoría, con un estilo completamente revolucionario (¿neoneogótico modernista gaudiano podría ser un nombre apropiado?) pero a la vez conservando la función de “cuentacuentos” que tienen las grandes catedrales medievales, acercando las escrituras bíblicas al pueblo, explicándolas de manera explícita y sencilla.

ConstrucciónPero vamos a empezar por el principio. La Basílica de la Sagrada Familia nace en una época difícil. En pleno siglo XIX, Barcelona destruye numerosas iglesias en nombre del progreso. La iniciativa de este enorme proyecto parte de una modesta organización religiosa dedicada al culto de San José. Su más alto cargo, Josep María Bocabella, anuncia un proyecto para construir una iglesia en honor de la Sagrada Familia. Esta iglesia debía ser expiatoria y financiarse exclusivamente con limosnas. Las primeras colectas no fueron demasiado importantes, por lo que fue imposible comprar una parcela cercana a lo que era el centro, de manera que tuvieron que escoger otra más lejos, a las afueras, en una zona de rápida expansión gracias a los planes urbanísticos realizados en 1859 por el ingeniero Ildefons Cerdá, el Ensanche. El terreno costó 170.000 pesetas (unos 1.000 euros o 1.400 dólares americanos aproximadamente, para los que leéis desde allí). Con todo esto, en el año 1882, en el día de San José como no podía ser de otro modo, se coloca la primera piedra.

La construcción comienza bajo la dirección del arquitecto Francesc de Paula Villar y el diseño original neogótico estaba directamente inspirado en la Basílica de Loreto, en Italia (para verla, pincha aquí). A finales de 1883, Antoni Gaudí sustituyó a Villar e hizo otro proyecto totalmente nuevo.

Gaudí se había licenciado como arquitecto en 1878, y se hizo cargo de la Sagrada Familia cuando su carrera comenzaba a prosperar, siguiendo muy unido al proyecto hasta su muerte en 1926. A partir de 1918, se dedica exclusivamente a la Sagrada Familia, hasta el punto de trasladar incluso su vivienda y su estudio dentro del edificio. Por todo ello, el templo de la Sagrada Familia puede considerarse como el punto culminante de la arquitectura de Gaudí, una obra que une las experiencias y las innovaciones de toda su carrera.

La arquitectura de Gaudí surgió dentro del contexto del art noveau (llamado en España modernismo), aunque su fuerte personalidad hizo que su obra se alejara de las características típicas de ese estilo. En los edificios de Gaudí hay elementos que anticipan otros estilos contemporáneos como, por ejemplo, el expresionismo. La plasticidad de su obra fue posteriormente desarrollada por arquitectos orgánicos. La arquitectura de Frank Gehry, por ejemplo, está llena de resonancias gaudianas.

sagrada-familia-interior

A pesar de su concepción completamente innovadora, lo que más sorprende de la Sagrada Familia es que se trata esencialmente de un edificio gótico. Gaudí utilizó el principio gótico de mantener las fuerzas en equilibrio, llevándolo a un plano mucho más majestuoso que cualquier arquitecto medieval. Los pilares de la nave principal se inclinan hacia dentro, convirtiéndose en sus propios contrafuertes de este modo.

En un capítulo de Los Simpson en el que hace un cameo Fran Gehry aparece una versión del cómo pudo haber sido el método creativo para un edificio suyo en Springfield. En ese capítulo, el arquitecto arruga una de las cartas que había en su buzón y la tira al suelo, y al hacerlo, ve claramente la forma de lo que será su edificio. Esto puede parecer un desfase más de la serie, pero la realidad de la Sagrada Familia no se aleja tanto de este momento. Gaudí construyó una maqueta esquemática del interior con cuerdas, la revistió de yeso y la colgó del revés. Cuando el yeso de secó, le dio la vuelta…y fin. Gaudí ya tenía el diseño que ahora disfrutamos.

Puede parecer una contradicción, pero una de las características más sorprendentes de la arquitectura de Gaudí es su extraordinaria capacidad de invención formal. El experimento del yeso sólo fue un punto de partida, un garabato en una hoja en blanco para que empezaran a fluir las cosas, pero todo lo visible (y lo invisible) en la Sagrada Familia se basa en un profundo razonamiento lógico. Quitándole el maquillaje al edificio, lo que está debajo surge de una sólida base geométrica y un sistema de modulación fijo de proporciones que se aprecia perfectamente en la planta del edificio que os he puesto abajo. Todo lo que hoy hacemos fácilmente con programas como AutoCad, Gaudí lo estudió en profundidad empíricamente. Y no debió ser cosa sencilla teniendo en cuenta que la Sagrada Familia tiene más paraboloides e hiperboloides de los que uno pueda asumir en su vida.

Planta Sagrada Familia

El templo como edificio cumple uno de los que yo creo que es la aspiración de cualquier arquitecto, que es plasmar en él el sentir del que lo crea. Por desgracia, es algo que a priori parece sencillo, pero uno se da cuenta de lo difícil que es al analizar un poco el panorama arquitectónico en general, de esta y de otras épocas, ya que mires en el siglo o el estilo que mires, al final todos los arquitectos tienden a unificar sus edificios, creando una arquitectura más anodina y homogénea de lo que a mí en particular me gustaría. Pero Gaudí tuvo el valor de saltarse lo establecido y dejar tallado en la piedra el resumen de su vida. Y es que Gaudí era una persona tremendamente piadosa, ferviente creyente y con un profundo sentir católico. Tanto es así que incluso, en el año 2000, el Vaticano inició el procedimiento para beatificar al arquitecto. Es un edificio lleno de simbolismo religioso (sus doce torres representan a los doce apóstoles, por ejemplo) y Gaudí quería expresar con su construcción el triunfo de la Iglesia sobre las contradicciones y los cambios del mundo moderno. Todo esto, junto con la concepción de la arquitectura como imitación de la naturaleza, pueden ser los dos puntos de partida que se deban tomar para entender el profundo simbolismo del edificio.

Fachada de la Natividad

Este simbolismo del que tanto he hablado, y cuyos puntos de partida acabo de dar, se entiende mucho mejor si se explica, como todo. Nos damos cuenta de este simbolismo en la orientación del edificio por ejemplo. La fachada orientada al este (por donde sale el sol) muestra la Natividad, y la que está orientada al oeste (por donde se pone todas las tardes), está dedicada a la Gloria. El interior de la Sagrada Familia busca recordar a un bosque, cuyas columnas se extienden a cierta altura para hacer de soporte de la bóveda, imitando a un árbol con sus ramas. Esa bóveda está formada por una compleja red geométrica de formas que recuerdan a las estrellas.

La Sagrada Familia lleva ya muchos años en construcción (132 exactamente), cosa que puede extrañar teniendo en cuenta las técnicas y avances de los que disponemos hoy en día en la construcción, pero puede entenderse que se tarde tanto cuando nos enteramos de que se está construyendo con los planos incompletos. Gaudí dibujó los planos alrededor de 1890. Dos años más tarde se comienza la construcción de la fachada de la Natividad, que es la cara más conocida del templo y es la única fachada que se terminó en vida del arquitecto. Antes de morir, Gaudí ya tenía terminados los planos en detalle de la fachada de la Pasión y las naves, así como el programa simbólico e iconográfico de todo el edificio. Las principales fuentes de referencia del proyecto fueron numerosas maquetas a escala 1:10 y 1:25, que fueron destruidas en 1936, cuando la Sagrada Familia fue saqueada durante la guerra civil española, y posteriormente reconstruida. Entre este año y 1952, la construcción del templo se paraliza. Cuando se retoma su construcción, se hace con la intención de seguir lo más fielmente posible los planos dejados por el arquitecto, pero incorporando en los posible las nuevas tecnologías, técnicas constructivas y materiales, como el hormigón. La obra pasa por temporadas de mayor o menor actividad constructiva, ya que los patrocinadores continúan con el legado de construir una iglesia con aportaciones y donativos particulares.

Interior

Y todo esto, sin que se termine de construir. Porque lo que viene no es moco de pavo. La parte más alta de la Sagrada Familia será una gran cúpula que alcanzará los 170 metros de altura. Rodeándola, habrá cuatro agujas de 130 metros de altura, que representarán a los cuatro evangelistas, y una quinta de 140 metros, situada sobre el ábside de la iglesia, en representación de la Virgen María. El marcado diseño vertical del edificio se completa con cuatro torres que coronan cada una de las tres fachadas. Estas doce torres son las que representarán a los apóstoles, y de esas doce, ya podemos disfrutar de ocho.

Es un edificio tremendamente polémico, tanto desde el mundo secular como desde el religioso. Continuamente surgen voces que se preguntan si tiene sentido construir una iglesia tan monumental en los tiempos que corren, si es correcto seguir construyéndola con el estilo tan extremadamente personal del arquitecto o si deberían introducirse nuevos lenguajes artísticos. No tengo por costumbre dar mi opinión en el blog ya que la arquitectura, como casi todo, es muy subjetiva y cada uno tiene la suya, pero en este punto tengo que darla. Y la verdad es que tengo una opinión bastante más radical y maleducada de la que voy a dar aquí sobre la gente que aún hoy duda que la Sagrada Familia tiene que ser tal y como Antoni Gaudí la diseñó. Bien es cierto que es una obra que se está dilatando mucho en el tiempo, y sobre todo, en un tiempo de constante cambio, en el que lo que hoy está de moda, mañana ya ha pasado, pero me parece que clama al cielo que con este edificio en particular se haga esto. Este edificio no es sólo una obra maestra, no es sólo el clímax de la carrera de un arquitecto en particular. La Sagrada Familia es un proyecto de vida. Son todos y cada uno de los esfuerzos de una persona valiente, que se puso por montera un mundo cuadriculado y pluscuamperfecto para enseñarle al resto que aún hoy, el hombre es capaz de asombrar, sobrecoger e incluso intrigar a sus semejantes con su trabajo. Es un edificio único en su especie en todos los sentidos, su estilo, su época de construcción, sus dimensiones,… ¿Quién puede ser tan insensato y tan irrespetuoso para pensar que puede hacer de la Sagrada Familia algo mejor de lo que es? Una lástima el derroche de arrogancia que se huele a veces…

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Nano Fernández

Nano Fernández

Un día estudié arquitectura y me enamoró. Por desgracia, no me pasa lo mismo con el inglés. Blogger entusiasta, aunque vaguete. Expatriado a tiempo completo.

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