Guggenheims del mundo II. Bilbao, de Frank O. Gehry

De todos los edificios que he ido estudiando en la carrera, hay dos principalmente que me desconciertan más que ningún otro. De uno ya hice una entrada, que es la Universidad Metropolitana de Londres de Libeskind, y el otro es este, el Museo Guggenheim de Bilbao, de Gehry. Sus arquitectos son un rato disfuncionales o, por lo menos, no tienen una arquitectura al uso, pero lo que a mi parecer comparten estos dos edificios por encima de cualquier otra cosa es lo que generan en su entorno. Tanto en un lugar como en otro, y utilizando la misma frase que utilicé en su día en la entrada de Libeskind, son muy buenos vecinos en entornos que no son tan propicios. Y lo son con una forma, unos materiales y un impacto visual brutales.

Vista exterior
Fuente: breathingarchitecture.wordpress.com

En el caso más particular del Guggenheim de Bilbao, Frank Gehry tuvo que enfrentarse en un primer momento con una parcela difícil. A orillas del río Nervión, que atraviesa la ciudad, con una geometría complicada, rodeado de astilleros, de vías férreas y de las rampas de acceso a un puente elevado. Un primor de solar. Ante esto, ¿qué hacer? Gehry lo tuvo claro. Había que desviar la atención de todas esas cosas feas y crear algo que fuera tan espectacular que no pudieras ver otra cosa. Lo que viene siendo crear un gran foco de interés. Y lo consiguió, la verdad. Es más, ha habido tres puntos clave en una lista de acciones llevadas a cabo por el Ayuntamiento de Bilbao que han marcado claramente el plan de regeneración urbana que ha vivido la ciudad en los últimos años. Uno ha sido la gran mejora en los transportes públicos (en los que también han metido mano arquitectos de la talla de Foster), otro el gran impulso que le ha dado a la cultura en general la ciudad, que tradicionalmente ha tenido un carácter muy industrial, y finalmente, la construcción de este museo satélite del Guggenheim de Nueva York de Wright. Como decía, los esfuerzos volcados en llegar a conseguir estos tres pilares fundamentales, que se apoyan a su vez en otras muchas acciones de menos envergadura, han hecho de Bilbao una de las ciudades más interesantes, modernas y competitivas de España.

Vista desde el río
Fuente: breathingarchitecture.wordpress.com

La arquitectura tan personal del Guggenheim de Bilbao no es más que la ruptura con la forma racional que ha marcado tradicionalmente a la profesión, buscando el descubrimiento intuitivo de la forma. Gehry es un amante de la forma. Sus edificios son esculturas descomunales, puntos de referencia allá donde caigan. Y claro, teniendo en cuenta esto, sería de esperar que este edificio desentonara de manera descomunal con su entorno urbano, pero no del todo. Está claro que la arquitectura deconstructivista, de la que el Guggenheim de Bilbao es un muy buen ejemplo, no tiene muchos amiguitos similares en las ciudades en las que se ubican, pero Gehry consiguió con este que encajara perfectamente en el marco que lo rodea ya que es un edificio que, lo mires desde donde lo mires, siempre te va a decir algo distinto de él mismo. En planta, sus formas orgánicas nos recuerdan a una flor. Desde el río, a un barco que nos recuerda lo importante que ha sido para Bilbao la actividad portuaria a lo largo de su historia. Desde el este del edificio, la imagen que proyecta es más liviana, menos pesada que desde otras orientaciones, que dan aspecto de mole titánica. Y a pie de calle, en la parte superior del museo, el edificio consigue de alguna manera camuflarse entre los edificio de la ciudad y su historia, con una visión de sí mismo más modesta que hace que se integre visualmente de manera espectacular.

El proceso de diseño del edificio fue, cuanto menos, costoso. Y fue costoso a todos los niveles. Ni que decir tiene que el edificio huele a caro desde antes de entrar en el término municipal de Bilbao pero, aparte, conllevó una serie de horas desmesuradas llegar al diseño final. El bueno de Gehry no tocó un solo ordenador en todo el proceso de diseño. Él se limitó a hacer con sus propias manos montones de maquetas-experimentos, que actualmente se pueden ver en el Guggenheim de Venecia (no entiendo muy bien por qué no en el de Bilbao, que sería lo suyo), y su equipo era el encargado de traducir, por así decirlo, todas esas maquetas a planos constructivos. Todo esto lo consiguieron gracias a un herramienta facilitada por la Agencia Espacial Europea… ahí es nada. La millonada que tuvo que soltar la Fundación Guggenheim por esto sólo lo saben ellos.

El material del tiempo
Fuente: breathingarchitecture.wordpress.com

Por muy intrincado que parezca el edificio en el primer vistazo, su interior revela una sencillez y una simpleza alucinante, aunque predominen las formas curvas también. El edificio es prácticamente diáfano, en el que se pueden distinguir tres plantas no obstante. Estos espacios diáfanos de tan enorme tamaño permiten instalar obras tan gigantescas como La materia del tiempo, de Richard Serra (esa enorme mole de acero cortén que veis a la izquierda del texto), cuya obra se ha convertido, junto a otras como Puppy o Los tulipanes de Jeff Koons, El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor o Mamá de Louise  Bourgeois, en imágenes casi corporativas del museo.

Pero si algo llama la atención después de la forma propia del edificio son los materiales con los que está revestido, que son básicamente tres. Vidrio, piedra y titanio. El vidrio se encuentra en menor medida, y la piedra tuvo que ser traída de Huéscar, en Granada, ya que por lo visto es una piedra muy poco frecuente y sólo la encontraron allí. Pero sin duda, allí el rey es el titanio. Que por cierto, barato no es, cosa que ayudó en gran medida a aumentar un presupuesto que ya de por sí estaba bastante abultado. Las chapas no son de titanio puro, ya que se encuentra aleado con cinc, y cada una de las chapas es diferente a sus congéneres. El rompecabezas de unirlas cada una en su sitio fue también tarea del programa facilitado por la Agencia Espacial Europea… otro palo al presupuesto. Pero ya se dice, para lucir hay que sufrir.

Fuente: breathingarchitecture.wordpres.com
Fuente: breathingarchitecture.wordpres.com

Debido a este enorme gasto, el edificio recibió el mismo número de críticas que de millones gastados, sobre todo en su etapa de construcción. Pero misteriosamente, al abrir sus puertas y empezar a aportar millones de turistas, millones de ojos que posicionaron a Bilbao como una de las ciudades más importantes en cuanto a arte contemporáneo se refiere, millones de inversores, y por lo tanto, millones de euros, esas voces críticas fueron acallándose poco a poco, hasta incluso convertirse en vítores. Curiosa la fortaleza de criterio del ser humano.

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Nano Fernández

Nano Fernández

Un día estudié arquitectura y me enamoró. Por desgracia, no me pasa lo mismo con el inglés. Blogger entusiasta, aunque vaguete. Expatriado a tiempo completo.

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