#ThrowbackThursday: Los Goonies

Fue en un cine de verano en La Manga del Mar Menor, típica escena estival de la España de entonces. Entre toneladas de pipas Churruca y algún que otro Frigopie pude descubrir a esta panda de entrañables descerebrados infantiles e incipientes antisistema donde los haya, a los cuales echa uno de menos viendo el panorama sobreexplotado en producciones pero deteriorado en originalidad, subgénero de infantil/aventuras.

Aquella calurosa noche de verano pude descubrir a un grupo de chicos de barrio de una pequeña y preciosa ciudad costera que harían lo imposible para que la especulación inmobiliaria no acabase con sus jóvenes sueños, y para que no convirtiesen ese idílico entorno social en la gris metalizada Detroit del automóvil. Una pequeña rebelión en la que basa parte de su éxito la película, en ese carisma singular de cada uno de los protagonistas y su casi rol de marginados en su lucha contra una causa perdida.

Debajo de ese envoltorio serio nos encontrábamos a un hilarante repertorio de lo que hoy llamaríamos frikis -palabro que por entonces no se usaba apenas por estos lares-, el chino de los inventos, el italiano presumido y bocazas, el hermano mayor vigoréxico, al asmático soñador, el gordi… todos a partes iguales, a través de esa especie de parque de atracciones subterráneo donde se desarrollaba la trama, nos regalaron unos papeles que en realidad conseguían convertir aquella historia en la historia que cualquier niño de aquella edad quisiese vivir.

Fuente: www.ecartelera.com

¿El objetivo? Llegar hasta el barco oculto del pirata Willy el tuerto, a través de un mapa del tesoro perdido en el desván de los protagonistas. Y cuyo tesoro salvaría los muelles de Goon, en la pintoresca Astoria, de los “poceros” varios que pululaban ya por aquellos tiempos. Quizá el leitmotiv de la historia suene a algo reiterado o ya hecho, pero en la puesta en escena uno nunca había visto, ni entonces ni después, nada igual.

La leyenda de Willy el Tuerto era la típica aventura que todos queríamos experimentar en esa edad, pero que solo podías soñarla. Gracias a esta película pudimos acercarnos a vivirla. Al ver la película soñabas con ser un Goonie más. Entrar en ese nuevo mundo de amistad, bicicletas, tesoros, primeros amores, luchar por tus sueños… y hacer amigos como Sloth. Bajo esa apariencia grotesca había una maravillosa persona amiga del chocolate y los niños gorditos, y en el recuerdo quedan las mil imitaciones que entre amigos hacíamos del “momento chocolatina” de la película entre Sloth y Gordi.

Sloth pertenece a la familia de los Fratelli, unos mafiosos de medio pelo –madre incluida- pero divertidos al fin y al cabo en el contexto de la trama. Después de años de maltrato, el encuentro de Sloth con los chicos terminará cambiando su vida, y acabará siendo un Goonie más. Ellos, a través de su maravillosa marginalidad, se identifican con él abriéndole las puertas de la pandilla. Para ellos Sloth es el contrapunto a aquellos que quieren acabar con sus vidas, es la bestia con corazón frente a la bestia descorazonada en forma de traje y corbata que pretende arrasar con su barrio.

Fuente: themaindamie.com

Quizá ese sea uno de los mensajes principales de la película. Puede que otro sea provocar una sacudida en aquellos adultos faltos de esperanza e imaginación, como una reacción hacia ellos. Si la madurez ha hecho mella en vosotros y habéis dejado de soñar, la mejor receta es esta película. A todos vosotros además os recomiendo que se la aconsejéis a esos hijos, sobrinos etc. no tan adultos que no hayan visto la película prejuzgándola bajo el estigma de una presunta “casposidad ochentera” dentro del cine comercial de entonces. Puede que haya habido muchos casos en la época –cabrían muchos ejemplos-, pero dejemos a esta en el panteón de las bien conservadas, de las Regreso al Futuro, Indiana Jones o Superdetective en Hollywood por ejemplo. No, es evidente que esta película ha envejecido bien, y el trasfondo de su historia más todavía, especialmente en estos tiempos.

Pero qué digo panteón, esta película acaba de cumplir treinta y un años el pasado martes. Y es que hasta tiene día oficial en el calendario y este 7 de junio he sumado una muesca más a su brillante existencia, así sigue viva y coleando más que nunca. El porqué está claro: ¿acaso no recordáis uno de los lemas de Los Goonies? ¡Los Goonies nunca dicen muerto! Por eso se ha convertido en un clásico imperecedero.

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Nacho Ortiz Palacio

Nacho Ortiz Palacio

De cinéfilo a politólogo y tiro porque me toca. Intento escribir sobre aquello que me gusta mientras construyo mi futuro estando ya en él, porque como decía John Lennon "La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes". Murcianeando en el presente. Zaragocista en la diáspora.

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