¿Cómo debemos comportarnos ante personas de otras culturas?

Hemos comprobado cómo diseñar una cultura no es tarea fácil. Casi todo lo que se proponga es discutible. Una de estas discusiones es la de la relación con otras culturas. Hoy en día, esta es una discusión muy importante, pues en el mundo en que vivimos la diversidad cultural es enorme. Y se impone como un hecho la convivencia de personas de distintas culturas en un mismo lugar (por efecto de la emigración y la inmigración), fenómeno al que se conoce como multiculturalismo. Pues bien, ¿cómo debemos afrontar la relación con personas de diferentes culturas que viven junto a nosotros? A esta cuestión se le suele responder de distintos modos.

– Etnocentrismo. La relación debe ser paternal, educativa, o incluso de imposición de nuestros valores y creencias, pues nuestra cultura (en este caso la española o, mejor, la europea u “occidental”) es manifiestamente superior a las demás. Esta posición puede conducir, en ciertos casos, a la xenofobia y el racismo, que son actitudes de negación y desprecio absoluto de culturas diferentes a la nuestra.

– Relativismo. La relación debe ser de tolerancia absoluta, pues ninguna cultura es superior a otra, todas son diferentes. Las creencias o costumbres de otras culturas nos pueden parecer buenas o malas, pero esta valoración responde a lo que nosotros creemos que es “bueno” y “malo” y estas creencias solo son válidas para nosotros, no para aquellos que juzgamos.

A ellos les puede parecer “malo” lo que para nosotros es “bueno” y al revés, y están en su legítimo derecho, pues no existen criterios universales acerca de lo bueno y lo malo. Así que debemos respetar o tolerar las creencias y costumbres de todas las culturas.

– Interculturalismo. La relación debe ser de diálogo. Las creencias y costumbres de cada cultura pueden y deben ser juzgadas como buenas o malas, respetables o no, pero esta valoración debe proceder del reconocimiento mutuo, a través del diálogo, de lo que esta “bien” y “mal” para todos.

Tal vez no podamos entendernos en todo, pero al menos debemos proponer unos mínimos morales en los que todos (seamos de la cultura que seamos) estemos convencidos.

– Universalismo. La relación debe ser, también, de diálogo racional. Y el objetivo no es simplemente llegar a unos mínimos morales reconocidos por todos, sino incluso alcanzar algo parecido a una “cultura universal” en la que todos aceptemos racionalmente unos mismos valores y unas mismas costumbres, estructuras políticas, sociales, económicas etc. (que serán las que la razón demuestra como las más adecuadas a los seres humanos).

Estas son, creo, las cuatro posiciones posibles en torno al problema. ¿Cuál es la más adecuada a vuestro juicio?

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Víctor Bermúdez Torres

Víctor Bermúdez Torres

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Sevilla, en la que también ha cursado estudios de lingüística, semiótica, antropología y psicología. Ha publicado artículos en diversas publicaciones y es coautor de libros como Travesía del Pensar (Ed. Ateneo, 2014), o Reflexiones sobre el # 25S (Ed. Manuscritos, 2013). Ha sido colaborador en Canal Extremadura Radio y en Radio Nacional, y escribe y dirige Diálogos en la caverna, un espacio de Radio 5, de RNE. En la actualidad es profesor de filosofía en el I.E.S “Santa Eulalia” de Mérida y presidente de la Plataforma en Defensa de la Filosofía en Extremadura. Es también autor del blog "Filosofía para cavernícolas".

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