Un justo premio

Debe ser que los de los Nobel se cansan de fallar de vez en cuando, sólo eso explicaría las luces y las sombras tan seguidas y atropelladas, en ese abanico tan colorido como bizarro parido por una o unas instituciones que, si bien hace mucho perdieron su credibilidad, sí conservan la capacidad para echarse unas (indignadas) risas. Léase Obama, léanse Hitler y Stalin serios candidatos para Paz y Gandhi nunca. Léanse Borges, Virginia Woolf, James Joyce o Miguel de Unamuno (ayer día 12 se cumplieron 80 años de su “Venceréis pero no convenceréis”). Al menos los de Química, Física o Medicina no suelen errar tanto. Y, nos congratulamos en decir, tampoco el de Literatura por esta vez.

Habrá quienes se quejen por quejarse aduciendo a Murakami, un autor que lleva mereciendo el reconocimiento varias décadas menos que el bardo de Minnesota. Ya le llegará su turno al DiCaprio literario (un halago definirle así, él se llevó el Óscar). Y a Margaret Atwood y a quienes, por la h de la nacionalidad (Thomas Pynchon, Don DeLillo, Philip Roth) o la doble b de la profesión (Leonard Cohen), quizás ya no les llegue. Pero demostrarán, los quejicas, no conocer la vida y obra de un referente por pluma y por valores, de alguien cuya aportación ha marcado todo lo posterior en su campo, y al que miles de poetas, cantantes y autores en general señalan como un genio de las letras. Por hoy, quiero decir, le ha tocado el turno a alguien inscrito en lo mejor de la cultura alta y popular del último medio siglo.

Y es que Robert Allen Zimmerman no gustará que guste, pero ha marcado un antes y un después en la lírica en lengua inglesa. No gustará que guste o que la gente quiera a los galardonados con el Nobel, pero buscando canciones suyas en Youtube uno se da de bruces una y otra vez con una maraña de fans que reflejan la legión de admiradores que despierta el pintor, el cantautor, el tábano. En fin, decir su nombre es mentar la música del movimiento por los derechos civiles, la imagen de una época que buscó ampliar el mundo para que cupiesen otros. El cantante de la libertad, que se puede cantar en cualquier momento y en cualquier lugar. El que se lanzó contra la injusticia allá donde la viera.

Estos icónicos productos culturales que han marcado la poesía y la canción protesta (a ver quién que haya venido después no le cita como referente) no le han apartado, sin duda, de otros intereses como sus experimentos literarios, el surrealismo, el plagio pictórico o el constante cambio de credo. Al fin y al cabo, no hablamos de una divinidad ni lo pretendemos, sino de alguien que cantó mejor que nadie algunos de los mayores ideales de nuestra especie y de una generación en particular. De un, por tanto, hombre como otro cualquiera. Y a dios gracias.

Probablemente lo que suceda es que se crean algunos que los vivos valen menos que los muertos, que entregar el premio postmortem quitaría algunos problemas pero, atendiendo a la capacidad académica para la toma de decisiones, uno sabe que ese no sería el caso. Que la literatura entra por las ventanas y por la radio del coche y por recuerdos de otro tiempo, y que si ser un best-seller es un insulto deberían dejar de vanagloriarse en el Quijote. Que las letras de este señor han marcado las vidas y momentos de millones de personas y, por eso, es un premio hoy de la gente y no de los del voto mediocre.

Dijeron en el anuncio de la entrega, a modo de excusa, que, quizás, The Times They Are a-Changin’. Dylan ayudó a que así fuera en los 50. El atraso de la Academia Sueca se reduce a 60 años. Borges todavía puede ganarlo si nadie les dice nada.

En cualquier caso que les den desde aquí, se agradece homenajear a alguien que sigue vivo.

Síguenos en @RADCultura y toda la información en @RAD_Spain.



en Twitter


en Facebook


en Google+

Raúl S. Saura

Raúl S. Saura

Raúl S. Saura es un error de la naturaleza. Escapado de un psiquiátrico, vino a anidar en el contenedor de basura que ejerce de puntual sala de reuniones de los mandamases de RAD Spain. Como con el tiempo se le coge cariño decidieron nombrarle mascota oficial y, por qué no, subdirector general. Insiste en que no ha nacido en Murcia.

Mis artículos

COMENTARIOS

  • Jose Sanchez Conesa

    Posiblemente renuncie al premio Dylan pero la Academia ha sabido reconocer que los tiempos cambian, rindiendo homenaje a la canción porque el inicio de la poesía, que es tanto como decir la literatura, fue cantado. Y la canción nunca ha estado bien vista por la academia, en minúsculas ahora, porque sabía a pueblo.

Deja un comentario