Haritz Zubillaga: “El fantástico me parece el más cinematográfico de los géneros”

Hoy hemos tenido el privilegio de hablar sobre cine con Haritz Zubillaga, director de El ataúd de cristal (2016) y uno de los directores con más proyección del panorama nacional al que sin duda seguiremos muy de cerca. Agradecer sinceramente su completa disposición a hablar con nosotros sobre su nuevo proyecto y sobre su forma de ver el cine. Todo nuestro apoyo al equipo de El ataúd de cristal y le deseamos la mejor de las suertes en su periplo cinematográfico.

¿Qué tal tu experiencia en el festival?

De momento la experiencia muy bien, nerviosos, porque se aproxima el estreno. Supongo que para todas las películas es muy importante estar aquí en Sitges, pero en nuestro caso, que hemos hecho una película sin ayudas públicas, hasta el momento sin el apoyo de ninguna gran televisión, todo con financiación privada. Es una apuesta muy personal de la productora vasca Basque Films y la catalana Life and Pictures que decidieron meterse en este proyecto, sacarlo adelante como se suele decir a pulmón. Estar aquí en el festival de Sitges es la vida. En mi caso, cuando hago una película lo que quiero es que la gente la vea, entonces para nosotros, que ahora mismo no tenemos distribución ni tenemos fecha de estreno, el hecho de estar en el festival como Sitges pudiendo enseñar la película es objetivo cumplido. Es una gozada.

¿Cómo surge el proyecto?

La película está coescrita con Aitor Eneriz, con el que llevo escribiendo se puede decir desde el colegio. Allí ya empezábamos a escribir cuentos, luego hicimos un cómic juntos, donde yo escribía el guión y lo dibujaba él, llevamos una colaboración muy estrecha desde hace años. A los dos nos gusta mucho este tipo de cine de género, de terror, el thriller. En concreto en El ataúd de cristal lo primero que se nos vino a la cabeza fue la limusina, fue la primera imagen que tuvimos y nos apetecía contar una historia que transcurriera íntegramente en su interior. A partir de ahí vino el personaje de Amanda, la protagonista, que se nos ocurrió que fuera actriz y de ahí fuimos tirando el hilo un poco dentro del estilo de historias que nos sale de forma natural, historias como muy minimalistas, tendemos mucho a hacer este tipo de historias. Por la película me están preguntando mucho si es un reto, yo creo que nosotros nos sentimos más cómodos con estos puntos de partida, muy mínimos, que con otro tipo de ideas. Creo que el guión que hemos escrito en el que más personajes salen son 4 o 5 y a mí eso ya me parece una secuencia de Ben-hur (1959) o algo así (risas). Ya estoy nervioso con eso.

¿Por qué un thriller de terror?

Cómo te decía, ya desde niño me interesaba mucho no solo el cine de terror, sino también la literatura fantástica y demás. ¿Por qué? Al final yo crecí viendo películas en los 80 y sí que es cierto que en aquella época cuando ibas al cine casi todas las películas tenían un corte más o menos fantástico, thriller, terror, desde Regreso al futuro (1985) hasta Los Gremlins (1984) e Indiana Jones (1981-1989). No solo yo, mi generación y en general la de otros directores que crecimos en los 80 hemos nacido ya de por sí en lo cinematográfico con una creencia muy grande en el cine fantástico.

Como hemos dicho antes, El ataúd de cristal destaca por exprimir pocos elementos, ¿para ti es una ventaja o un inconveniente?

Nos sale de forma muy natural. Tampoco es que nos planteáramos hacer algo así. No dijimos “vamos a escribir algo muy barato de hacer que seguro que lo podemos sacar”, nos salió natural. Obviamente, cuando estas escribiendo dices esto está guay, pero además es producible pero nos sale muy natural escribir las historias con los mínimos elementos posibles. Eso sí, me gusta mucho a los mismos elementos darles muchas vueltas, que se re-interpreten, que los personajes y los objetos se vean desde diferentes puntos de vista. Esto es como muy pesadillezco, creo que estos elementos dan una aureola fantástica y sobrenatural, una atmósfera opresiva que para el cine fantástico es estupendo.

Fuente: Juan Dopico
Fuente: Juan Dopico

Tanto en Las horas muertas (2007) como ahora en El ataúd de cristal, desenvuelves el argumento en un único lugar, ¿por qué?

(Risas) Muy buena pregunta. Me acuerdo que de niño vi La soga (1948) de Alfred Hitchcock y me quedé muy pillado e incluso antes vi Duel (1971) de Steven Spielberg. Oía a mis hermanos mayores que decían: “Oye hay una película que toda la película es un camión persiguiendo un coche” y eso me fascinó. Me llamaba mucho la atención, me provocaban mucha curiosidad estos planteamientos tan desafiantes pues qué tipo de película ha podido salir de allí y de ahí este gusto por estos puntos de partida que a mí me parecen sugerentes. Dicho lo cual, en mis siguientes proyectos igual hay más decorados, pero también para una ópera prima creo que me sentía cómodo con un único escenario pudiendo controlar mucho todos los elementos que había en juego. Soy muy maniático del control en el rodaje, me gusta dejar poco espacio a la improvisación. Trabajo mucho la preparación, en la película dibujamos todos los planos, el story board viñeta a viñeta. Que hubiese tan pocos elementos me ayudaba mucho a intentar tenerlo todo bajo control, digo intentaba porque durante el rodaje era imposible, pero bueno se hace lo que se puede.

El trabajo de Paola Bontempi es vital para la obra, ¿por qué ella?

La actriz sale en el 99% de los planos, el peso recae totalmente en ella, era una pieza fundamental a la hora armar la película: encontrar a la actriz adecuada. Tenía muy claro que quien fuera tenía que tener dos requisitos: que fuese una actriz con un talento enorme y que estuviera al menos tan loca como yo para aceptar el reto de meterse en esta película. Es un papel muy arriesgado de aceptar y Paola Bontempi, con quien había trabajado en She’s lost Control (2010), ya me había demostrado que cumplía los dos requisitos. En She’s lost Control fue un gustazo trabajar con ella porque tiene una visión del acting y del tono de las películas de género yo creo que muy similar al mio. Aparte de ser una actriz enorme, la experiencia y la dinámica de trabajo en She’s lost Control fue tan buena, tuvo tanta dedicación en el corto y en la película lo mismo. Estaba muy preocupada porque hiciéramos la mejor película posible y no tanto de ella tener un mero lucimiento como actriz.

¿Valoraste ocultar más información del argumento?

Sí, eso ha sido uno de los trabajos más duros en el guión, a lo que más vueltas le hemos dado. Hubo muchas versiones del guión, pulimos mucho los diálogos y trabajábamos mucho lo que íbamos a contar y lo que no.

Se intuye que vas a contar poco y al final cuentas.

Al final buscábamos un poco eso, en ese sentido se puede decir que son dos películas en una. Hasta la mitad parece una cosa y de mitad hacia adelante la intención es que girara completamente y que la película pasara de una primera parte más física, más violenta, más básica, a una segunda parte más psicológica. No interesaba mucho la tortura física del personaje. Este viaje al infierno en limusina que es El ataúd de cristal queríamos que fuera algo físico pero también algo muy psicológico. Nos interesaba mucho entrar en la cabeza de Amanda y que al final la película cogiera poco a poco un cáliz más fantástico, sobrenatural, haciendo una progresión de un principio más realista, más cotidiano y que poco a poco fuera tendiendo hacia una textura y un ambiente más pesadillesco, más fantaterrorífico.

Hay puntos de conexión con la Última llamada (2002) de Joel Schumacher e incluso con Saw (2004) de James Wan. ¿De qué directores bebe El ataúd de cristal?

Yo creo que bebe mucho de Alfred Hitchcock. Para mí es el director, es una referencia que ni quiero ni puedo escapar. Sino es quien inventó el oficio de director de cine, desde luego es el que lo consagró. Para mí es fundamental.

Otros referentes para El ataúd de cristal pueden ser Mario Baba, un director también que me encanta, Brian de Palma y más actuales. Yo admiro mucho al que me parece el director más experimental dentro de la industria que es David Fincher que hace unas cosas rarísimas y se las ingenia para hacerlas dentro del sistema, una cosa que admiro mucho. Luego me hace mucha gracia hablando con la gente que te dice: “Esto se parece mucho a esta otra película” y es verdad, estaba ahí en el subconsciente. Sí que una de las primeras cosas que hablamos con Aitor cuando todavía estábamos esbozando la historia es que no queríamos hacer un survival horror, con todos los respetos a Última llamada, que me encanta, o Buried, que me parece una película estupenda y funciona como un tiro, pero en El ataúd de cristal nos interesaba hacer otro tipo de película. Que al principio pueda parecer que vayan por ahí los tiros pero nos gustaba un poco romper las expectativas del espectador y a partir de la mitad de película se volviera más psicológica, que tuviera más zonas grises. Eso nos parecía más interesante que el que fuera 74 minutos de tortura física, un estilo que me encanta, pero teníamos claro que El ataúd de cristal no iba a ir por ahí.

¿Cuál ha sido tu mayor inquietud en la película?

Muchas, aún estoy inquieto (risas). Yo quería hacer una película que funcionara como un tiro para el espectador. Algo muy intenso del primer al último fotograma, que fuera muy concreta y muy directa. Siempre he tenido la inquietud de que la película tuviese la duración exacta, que no le sobrara nada, pero que tampoco le faltara.

Esto es algo complicado, parece que no pero…

Ha sido una de las grandes obsesiones de la película, medir mucho todos los tiempos. Un riesgo de este tipo de planteamientos es que al final la cosa sea como un chicle estirado o se agote muy pronto el punto de partida. Una de mis obsesiones era hacer una película muy directa que el espectador la vea prácticamente sin pestañear.

¿Te veremos nuevamente en el género?

Sí seguro, de momento me siento como en casa en este género. También los cortos han ido por ahí, es un poco lo que he aprendido a hacer y lo que me siento más seguro para sacar adelante. Todo el fondo de armario que tengo con Aitor de proyectos y demás giran alrededor del cine fantástico, que además es un género tan abierto y poliédrico que se pueden hacer películas muy diferentes. El fantástico me parece el más cinematográfico de los géneros. Tiene una aureola fantasmal y muy mágica y a mí en concreto es un género que me tiene hipnotizado.

¿No hay fecha de estreno para cine ni para DVD?

De momento de distribución no sabemos nada, estamos hablando con distribuidores que han visto la película y les ha gustado. Esto es como los videojuegos, vas pasando pantallas, cada una más difícil de la anterior. Cuando escribimos el guion nos pareció difícil, rodarla fue más difícil, montarla fue durísimo, toda la postproducción de la película ha sido aun más dura y creo que ahora estamos en una pantalla aún más difícil. Encontrar las vías para que la película llegue a la gente en los cauces que todos salgamos beneficiados, tanto el espectador como quienes hemos hecho la película. Está hecha con dinero privado y eso es una responsabilidad para mí como director que la película funcione. Ya veremos, ahora también hay internet donde yo creo que el cine tiene que acabar. La gente quiere ver películas en internet, nos la tenemos que ingeniar para hacerles llegar por ese cauce las cosas que hacemos, que por otra parte es lo que siempre ha hecho el cine. El cine se exhibe en teatros, es como un ente bastado que nunca ha tenido casa propia, que siempre se ha ido colando. Es un arte popular que siempre ha ido donde va la gente, eso siempre nos ha fascinado del cine y hay que aceptarlo para lo bueno y para lo malo. El cine es así.

Por suerte.

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Ramón Ruestes Faire

Ramón Ruestes Faire

Crítico de cine y series. Torres de Segre, Lleida, Catalunya, España

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