Democracia subprime

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos. Artículo 47

Un artículo, el 47 de nuestra constitución, más ornamental que efectivo. Dedicado en mayor medida a la grandilocuencia de esas democracias que quieren aparentar serlo, más que al cumplimiento de un mandato real con quienes cimentaron esas mismas democracias. Un artículo muy alejado de los más de cuatro millones de parados que todavía hoy buscan en nuestro país, un empleo que a estas alturas pueda mejorar sus vidas, pero que ya no les garantice salir de la pobreza. Alejado de igual forma de más de 700.000 familias que carecen de ningún tipo de ingreso o de ese 28% de ciudadanos que a día de hoy, se encuentran en serio riesgo de sufrir los efectos de la pobreza y la exclusión social en nuestro país. En definitiva, un artículo, el 47 de nuestra constitución que no debemos tomarnos en serio. Simplemente un texto orientativo, pomposo, nada formal o de obligado cumplimiento para nuestros políticos, muy al contrario que esos otros enunciados mucho más notables como el 135. Artículo este sí, con el que nuestros particulares judas electos se encargaron de encadenar las palabras en el escritas y los efectos que de ellas se extraían a nuestras vidas.

Vivimos en un sistema de gobierno, capaz de pisotear y pasar por alto, los puntos que en su carta magna defienden a la ciudadanía. Mientras la injusticia y la corrupción, hacen de nuestros derechos, de nuestro derecho a la vivienda particularmente, un negocio para unos cuantos. Un negocio tiránico y sin alma, en donde instituciones públicas y grandes compañías, caminan en numerosas ocasiones de la mano, ante un ciudadano abandonado en plena calle a su suerte. Nada parece importar a nuestra democracia, el drama de los desahucios. El dolor de quien abandona su casa por un simple balance empresarial, por una realidad del mercado. Viviendas que en más de una ocasión permanecen vacías ante la incomprensión y la indignación de quienes, cuando presenciamos un desahucio, nos sentimos a su vez expulsados de un sistema que no puede representarnos.

No podemos sentirnos representados ante la realidad de unos gobernantes y una democracia del pillaje y el oportunismo, una democracia en donde incluso las voces débiles, pero reclamantes de nuestra justicia, caen en saco roto ante la inmensidad del negocio. Negocio manchado de la sangre, el dolor y el sufrimiento del pueblo, pero negocio al fin y al cabo supongo. Existen alternativas, al igual que existe el derecho y la obligación en la ciudadanía a la resistencia por todos los medios, ante la involución de una democracia que prefiere ver a sus hijos e hijas en la calle, antes de revelarse contra quien quiere mostrarnos al oprimido como el verdadero delincuente.

Cita el artículo 47 de nuestra constitución a los poderes públicos como responsables de promover el derecho y las condiciones necesarias para una vivienda digna, unos poderes públicos que hoy, más que nunca, ante la incapacidad de las instituciones para garantizar nuestros más básicos derechos, se encuentran representados los ciudadanos, su organización y lo que ella representa.

Ninguna vivienda vacía, ningún ciudadano sin vivienda. Ante la especulación inmobiliaria

¡¡Ocupa y resiste!!

Síguenos en @RAD_Spain.



en Twitter


en Facebook


en Google+

Daniel Seijo Paz

Daniel Seijo Paz

"La vergüenza es peor que el hambre", Alfonso Daniel Rodríguez Castelao. Amante de la lectura y sociólogo en ciernes. A Coruña.

Mis artículos - Web

Sígueme en:
Twitter

Deja un comentario