Remad, celestes, remad

Los más de 90 metros de un campo de fútbol se les antojan 12 al equipo vigués, para bien y para mal. Son los metros de eslora de una trainera (deporte de remo en costas de tradición pesquera), embarcación que manejan a las mil maravillas los de Moaña. Ignoro si lo practica Iago Aspas en su medio natural, el mar, pero sí sé, pues es evidente, que domina el espíritu de ese deporte en el césped. Trece remeros y un patrón, en el estadio nos falta algún remero, pero su timonel que no es otro que Aspas, ejerce de ambos pues conduce y marca el ritmo. Así, lo que fue un mal comienzo para el Celta de Vigo se está transformando en un equipo con posibilidades reales, sus hombres reman juntos, avanzando con el esfuerzo sincronizado y al grito de todos a una mueven los 200 kilos de peso de la embarcación que en tierra firme se les antoja un peso insoportable. Pero lo han conseguido, aunando esfuerzos y avivando la llama de la ilusión y apagando la de la apatía y el conformismo.

No negaré que han jugado partidos nefastos, en los que estaban perdidos, y la afición sufría y añoraba a partes iguales. Pero si nos centramos en los últimos partidos, solo hay motivo de alegría y orgullo que ya se empezó a manifestar abiertamente en la jornada 13 de la Liga Santander contra el Granada, que supuso para los celestes la quinta victoria consecutiva en casa y que rompía definitivamente la mala racha con un resultado final de 3-1, regalos de Aspas, Theo y Pape, demostrando que cuando la veteranía y juventud se alían el resultado no es solo bueno, es mejor.

Seguía el Celta de Vigo con buen juego que ofrecer en partido de ida contra el equipo murciano para la Copa disputado el pasado 30 de noviembre con una alineación un poco diferente y ausencias importantes, pero aun así los hombres del Toto volvieron a ganar (no sin ciertas dificultades) gracias al gol de Sergi Gómez al límite de concluirse el primer tiempo. Muy merecido para un jugador cuya presencia es fundamental, alegrándonos el día por partida doble.

Y el fútbol, como la vida, continúa y llega la 14ª jornada de Liga, en esta ocasión los gallegos viajan a tierras más cálidas, secas y… Bueno, no el 4 de diciembre, fecha que andaluces en general no querrán recordar pues las tormentas tuvieron consecuencias trágicas desgraciadamente. Tampoco se libró Sevilla, donde la lluvia dejó de ser una maravilla sin llegar a aguar la fiesta. Un extraordinario Betis lo impidió en el Benito Villamarín, con coraje y plantando cara a un Celta al que le costó seguir el juego y que entre momentos de lucidez y excelencia perdió identidad cada vez que el anfitrión se adelantaba en el marcador. Cincuenta patadas, entradas peligrosas, amonestaciones y tarjetas más tarde, finaliza el encuentro con un empate que a los celestes nos supo a gloria ya que la no por habitual menos buena actuación de Aspas (dos goles) no era suficiente, pero Roncaglia atento y preciso igualó el marcador.

El siguiente reto en la magnífica ciudad de Atenas que, en una apretada agenda, no permite a los jugadores empaparse de su historia, entre piedras deseosas de contar hazañas a todos aquellos dispuestos a escuchar. Solo la austeridad de la concentración previa al partido, espartana, como no podía ser de otro modo les recuerda dónde están. En esos lares cuya espuma marina salpica revoltosa los rostros de habitantes o turistas con cada gota cargada de leyenda y poder, de tragedia y sufrimiento… Otra vez será, porque tocó darlo todo contra el Panathinaikos.

Tal vez no fueran los de siempre y su juego perdiera atrevimiento y frescura, pero ganaron. Lo hicieron con la tranquilidad que un gol en el minuto 3 le puede dar a cualquier equipo. El responsable, Guidetti, pisando césped cual galgo en competición tras pistoletazo de salida y su poderío indiscutible ya no dejó lugar a dudas cuando una entrada brutal de Wakaso le cortó la respiración. Pena máxima y el inquieto Orellana marcaba desde punto de penalti. Celebramos el gol y su felicidad por ese regalo que nos hizo y por su nueva paternidad.

El Celta sigue subiendo peldaños, a veces con una mochila pesada, a veces ligeros de equipaje, pero siempre avanzando, siempre en movimiento. Y así tendrán que seguir, queda mucho aún, la torre está muy alta, pero llegar hasta ella podría ser una experiencia maravillosa.

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Carmina Fernández González

Carmina Fernández González

Una persona corriente, amante de la sencillez (no de la simpleza).

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