Langosta. La apática locura de Yorgos Lanthimos

Langosta (2015), llevaba tiempo queriendo ver la obra del director griego Yorgos Lanthimos, aunque siendo justos, no es este nombre el que me movía a hacerlo. Un drama distópico sobre el amor protagonizada por Colin Farrell y la gran Rachel Weisz. El protagonismo de la brillante actriz inglesa en una obra diferente y arriesgada es lo que realmente me movió a apostar por ella. Premio del Jurado del Festival de Cannes, Premio del Cine Europeo a mejor guión y a mejor diseño de vestuario, nominada como mejor film británico en los Premios BAFTA, entre otros premios y multitud de nominaciones. Por todo ello, Langosta se alza como una de las mejores obras del cine europeo de 2015. Sin más dilación, vamos a por una obra mucho más extraña de lo esperado.

La historia nos sitúa en un ambiente distópico con unas estrictas reglas en las relaciones afectivas. Los solteros son recluidos en un lujoso hotel donde en cuarenta y cinco días han de encontrar el amor. En caso contrario son convertidos en el animal elegido para tener una segunda oportunidad. La estimulación sexual es obligatoria, la masturbación prohibida y la publicidad sobre las ventajas de las parejas una constante. Una cacería con tranquilizantes entre solteros puede sumar días de estancia en el hotel y alargar así la estancia. Tener claro una premisa central, la obra es de una extrañeza brutal.

El loco y/o brillante guión de Yorgos y Efthymis

Fuente: http://www.nola.com/movies/index.ssf/2016/06/the_lobster_movie_review_colin.html
Fuente: http://www.nola.com/movies/index.ssf/2016/06/the_lobster_movie_review_colin.html

En primer lugar destacar la presentación de la distopía y el estilo narrativo. Todas las reglas expuestas y el propio escenario son descritos de forma paulatina y a través del desarrollo del argumento. Situar al espectador en medio de un universo diferente, extraño sin previo aviso ni presentación implica un desconcierto inicial interesante. Parece ser que la lectura de la sinopsis es imprescindible para su comprensión, pero las explicaciones a través de las diferentes escenas del film son claras y fluidas entre sí. La obra supera con creces el provocado desconcierto inicial con una facilidad asombrosa. En la primera parte del film, la voz de la mujer a la que interpreta Rachel Weisz se usa de narrador externo, aunque no destapa elementos sustanciales de la trama ni el propio recurso se usa de forma constante. La voz de Weisz habla de su relación con el protagonista, una relación aún inexistente, como si de forma puntual diera un vistazo a los sucesos que muestra el film.

Este estilo poco convencional para cualquier otra película se alzaría como una marca de estilo personal o uno de sus pilares fundamentales. En esta ocasión es solo la avanzadilla del brillante desmadre del director griego. Langosta cuenta con dos puntos fundamentales que la sitúan a las antípodas de lo común y explican su propia brillantez, la apatía y los diálogos. La apatía que envuelve la película en general y sobre todo el trabajo del reparto en particular es asombrosa. Colin Farrell interpreta a David, un adulto normal, con su vestimenta convencional con su barriga, su bigote y su peinado a conjunto. Su estado civil le sitúa en el hotel, donde va descubriendo al ritmo que el espectador sus reglas y entresijos. La tremenda normalidad del personaje no es su mayor virtud, esta es su abominable apatía, característica que comparten todos y cada uno de los personajes. Se van sucediendo las raras situaciones, las reglas, las escenas, todo ello de una rareza brutal ante la imponente indiferencia del protagonista. Esa sensación es claramente provocada, un estilo interpretativo obligado por el conjunto, por lo cual no podemos hablar de dejadez en el trabajo interpretativo, todo lo contrario. La exigencia del reparto en general y de Colin Farrell en particular es increíble. El galardonado actor irlandés consigue dar cuerpo de forma fascinante a un personaje tremendamente extraño y exigente. Mención especial para Ariane Labed por su trabajo como sirvienta del hotel. El trabajo apático se acentúa cuan más extraña es la situación donde se desenvuelve y Ariane Labed es la que protagoniza gran parte de ellas.

Esa trepidante apatía, además de desconcertar al espectador, sirve para elevar a lo más alto el otro gran puntal de la obra, el diálogo. La extrañas situaciones que se van sucediendo son fruto claramente de un guión brillante, pero me gustaría destacar el asombroso contraste entre las sensaciones que emanan del protagonista y los diálogos y situaciones del film. Esa brutal disparidad aproxima la obra a la comedia negra, aunque está muy lejos de lo que yo considero una comedia. La sensación que consigue transmitir al espectador de forma global es sublime. El interés que genera la obra por su rareza y el desconcierto son excelsas. Estamos ante un guión brillante. Destacar también un elemento típico de género en el que se mueve la película, la distopía. Como norma general, ese tipo de género implica un mensaje, una crítica hacía un elemento de la sociedad actual. En esta ocasión vemos cómo se ensalza la presión social por erradicar en cierta forma la soltería en general y las relaciones personales en particular.

El interés emana de la propia esencia de la obra

Fuente: http://www.huffingtonpost.gr/2016/01/08/culture-bafta-nominations-2016-astakos-outstanding-british-film_n_8937468.html
Fuente: http://www.huffingtonpost.gr/2016/01/08/culture-bafta-nominations-2016-astakos-outstanding-british-film_n_8937468.html

Desentrañados los elementos del film, la historia se parte claramente en dos fases. La primera etapa es básicamente la expuesta hasta el momento. En un segundo tramo, la historia se traslada fuera del hotel, en un asentamiento en el bosque con normas similares pero completamente contrarias. La soltería o la soledad son la piedra angular de un grupo que se podría catalogar como terrorista del amor. Las situaciones rocambolescas pasan a un segundo plano y en cierta forma el potencial del diálogo también. Esa pérdida de esencia perjudica al interés global, la obra empieza a flojear. El personaje de Rachel Weisz aparece físicamente en escena para encarnar el interés romántico de David en un ambiente donde dicho interés está prohibido. En este punto todas las asombrosas virtudes de la apatía global se vuelven en su contra. Crear un interés romántico entre dos personajes eminentemente apáticos es un reto demasiado duro para el film. Sin química entre ambos ni expresión de sensaciones ni sentimientos el interés romántico no emana, no llega al espectador en ningún momento. Esa falta de fluidez entorpece gravemente el personaje de Colin Farrell y sobre todo el de Rachel Weisz, dado que solo la vemos en esta faceta. La pérdida de la brillantez expuesta en la primera etapa del film y los abominables problemas de fluidez entre los protagonistas generan en este punto una sensación de pesadez y una pérdida de interés en el espectador realmente alarmantes.

En resumen, Langosta es una de las mejores obras europeas de 2015. El sublime trabajo en el guión está solo al alcance de los más locos y/o brillantes cineastas. Un contexto extraño, con rocambolescas situaciones y abruptos diálogos generan un ambiente perfecto para captar el interés del espectador más curioso. Un Colin Farrell increíble ante la insultante exigencia apática de su personaje termina de redondear unos momentos estelares a nivel cinematográfico. La pérdida de la brillante esencia del film y la incorporación de un interés romántico igual de apático que el conjunto convierten la segunda parte de la obra en algo pesado y poco interesante. A pesar de ello, sigo pensando que la brillantez del guión ha de ser recompensada.

Valoración de la obra: 8/10

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Ramón Ruestes Faire

Ramón Ruestes Faire

Crítico de cine y series. Torres de Segre, Lleida, Catalunya, España

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