Arrivederci Europa

La sombra de la desesperación y el fanatismo vuelve a recorrer Europa al tiempo que unas instituciones demasiado identificadas con las estructuras económicas, pero a su vez muy alejadas de la unificación política y social, comienzan a sufrir en las urnas los primeros embistes fruto de su manifiesta incapacidad para lograr conectar con una población que ha visto en el castigo a la propia Unión una forma mayor de sanción al modelo liberal y a las políticas que rigen la Eurozona desde el inicio de la crisis en 2008.

Matteo Renzi, la supuesta esperanza europea y quien llegó a ser presidente de Italia sin que para ello mediase un solo voto, se ha convertido en la última víctima política de una Europa en franca decadencia. Una Unión Europea envejecida en sus planteamientos económicos y, a su vez, demasiado inmadura políticamente como para lograr dibujar una alternativa a su propio colapso. La dimisión del primer ministro italiano tras su fracaso en el referéndum para la reforma constitucional se suma a la reciente realidad del Brexit y al auge de la extrema derecha en todo el continente como una seria amenaza a la cohesión europea y al proyecto común en sí mismo.

El resultado de la consulta y la dimisión de Matteo Renzi dejan a Italia y a la propia Europa sumidas en un largo ‘impasse‘ político en donde de nuevo la tentación de evitar la consulta al pueblo parece presentarse como la principal opción para unos dirigentes únicamente empeñados en salvaguardar su proyecto económico por encima de cualquier otra realidad.

Parecen ignorar en los despachos europeos la posibilidad de que tras la ruptura de la Unión pueda suceder la eventualidad de que el castigo a los modelos políticos tradicionales no cese con el fin de proyecto político común europeo. El peligro seguirá acechando a cada región, en los populismos de Beppe Grillo, el fanatismo de Nikos Michaloliakos, la reminiscencias de Frauke Petry o la inminente realidad de gobierno de personajes como Norbert Hofer o Jean-Marie Le Pen.

El absurdo de entender los resultados en Reino Unido o Italia únicamente como una anomalía puntual o como una negativa holística a una Europa unida resulta peligroso no solo para el proyecto de la Unión Europea, sino para el futuro del continente en sí mismo. Tras el fracaso en las urnas de las diferentes opciones respaldadas por la Unión, se encuentran realidades como la crisis migratoria y su integración, la clara decadencia del capitalismo de mercado y su efecto sobre las diferentes capas sociales, el resurgir de las identidades nacionales o la acuciante necesidad de un pacto generacional en una Europa demasiada envejecida para poder permitirse el repliegue sobre sí misma.

Existen alternativas al fracaso del proyecto europeo, países como España o Grecia trazaron en su momento salidas alejadas del fanatismo político y el euroescepticismo. Existía una alternativa europeísta y antiliberal, pero nunca quisieron escucharla. TsiprasVaroufakis o Pablo Iglesias siempre supusieron un enemigo mayor para las élites europeas que los propios postulados de Marine Le Pen o Nigel Farage.

Persecución al colectivo homosexual, islamofobia, racismo, demencia política, corrupción, guerra, belicismo, pobreza

Pruebas de la actual realidad europea y del inmovilismo de su política común que dejan claro que esto nunca se ha tratado de una salida digna para Europa y para sus ciudadanos, sino tan solo de una nueva y brillante oportunidad de mercado.

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Daniel Seijo Paz

Daniel Seijo Paz

"La vergüenza es peor que el hambre", Alfonso Daniel Rodríguez Castelao. Amante de la lectura y sociólogo en ciernes. A Coruña.

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