Enemigo público, primera temporada. La diluida redención belga

Hace ya un tiempo que decidí apostar por la ficción europea con dos grandes aciertos. El primero de ellos fue Versailles (2015-actualidad), cuya segunda temporada disfrutaremos en breve. Una superproducción francesa visualmente magnífica y lujosa, con una trama que supo recompensar al espectador más paciente. La segunda apuesta fue la noruega Occupied, una ficción tremendamente tensa y trepidante. Complemente diferente a la anterior, la joya noruega nos planteaba un punto de partida distópico apasionante y un desarrollo virtuosamente tenso. En esta ocasión seguimos en Europa para hablar Enemigo público (2016-actualidad), serie que triunfó en Bélgica, su país de origen, además de ser galardonada por el jurado de MIPTV. Con ella espero seguir explorando el mercado seriéfilo europeo con un producto diferente. Enemigo público centra su historia en un pequeño pueblo de la zona. La llegada de un asesino de niños a la abadía del lugar conmociona a la población. A pesar de estar encerrado allí, los asesinatos llegan al pueblo y la sospecha de su implicación empieza a tomar fuerza, tanto por el tranquilo pueblo como por los agentes de lugar y por los miembros de la propia abadía.

Realmente se nos plantea una serie nórdica con paisajes y fotografía acorde. La abadía y los extensos paisajes no hacen más que profundizar en la idea de pueblo tranquilo. El problema en cierta forma es que esta tranquilidad no termina de abandonar una trama con problemas de discontinuidad. No estamos ante un argumento potente como se podía esperar, más bien todo lo contrario. La lentitud en su desarrollo y su flaqueza en el proceso de generar interés se ven acentuados a lo largo de su diluido desarrollo. Los niños van apareciendo asesinados, pero no hay picos de intensidad ni tampoco una persistencia en la investigación. La aparición de débiles tramas secundarias bifurcan una atención ya de por sí perjudicada. El punto de partida por sí solo tampoco es suficiente para generar el interés suficiente para mantener la trama. Un asesino en serie en un pueblo tranquilo con dos policías investigando lo sucedido. Se precisa un trabajo de guión muy bueno y/o una buena estructura para sobresalir y Enemigo público no cuenta con ello.

Farolas con distinta luz, pero todas iguales

Fuente: http://www.rtbf.be/tv/thematique/fictionetserie/detail_revoir-les-episodes-3-et-4-de-ennemi-public-gratuitement?id=9292913

Con un argumento débil y un desarrollo poco persistente, el carisma o el trabajo en el reparto se hacen indispensables. Series mucho más frágiles han sabido mantener el tipo gracias a buenos personajes o buenas interpretaciones. Si un personaje sobresale sobre el resto este es sin duda Guy Béranger, interpretado por Angelo Bison. Su interpretación inexpresiva y expresiva a la vez, así como la duda que la trama lanza sobre él y sobre su habilidad de manipulación es lo mejor de toda la serie. Compararlo con Anthony Hopkins en El silencio de los corderos (1991) es una auténtica aberración, pero su trabajo tiene similitudes de estilo. A pesar de su buen trabajo y el buen trato que le da la trama se invade completamente de la discontinuidad argumental. Se presenta con brillante potencial que no se explota lo más mínimo. Él es el enemigo público de la serie, su personaje sirve para mantener la duda en el espectador y ya está. Sus dotes de carisma, su potencial manipulación, su inexpresividad, todo ello sirve para generar una duda razonable en el espectador, nada más. El mejor personaje de la serie termina siendo una simple y brillante farola sobre la que apoyarse.

Béranger no es el único que destaca en carisma. Clément Manuel interpreta a un joven miembro de la abadía encargado del tutelaje del criminal. Un miembro íntegro y carismático de la congregación que ayuda de forma determinante a crear la aureola de misterio de Béranger. Suyas son gran parte de las mejores escenas de la temporada aunque, como el personaje anterior, ni se explota como se debiera ni se usa como se esperaba.

En el otro lado de la balanza encontramos a Stéphanie Blanchoud y Jean–Jacques Rausin, cuyos personajes encarnan a los policías encargados de resolver el caso. El segundo es un personaje excesivamente vacío. Policía con apariencia bondadosa que no hace más que llenar la escena y ser el acompañante de la otra agente, a pesar de contar con gran parte del protagonismo. El personaje de Stéphanie Blanchoud quizás es el más decepcionante. Siguiendo con la estela de quedarse a medio camino de explotar, su mente más o menos inestable y sus visiones de un pasado traumático son un continuo. Atormentada, pero eficaz agente, el poco aprovechamiento de la profundidad emocional que la trama le da y la falta apabullante de carisma cuajan un personaje realmente pobre. Su inexpresividad en este caso no hace más que acentuar un personaje aburrido.

Reconocer que a nivel argumental la serie coge un buen ritmo en su fase final, explicando todo y cada uno de los detalles de los asesinatos y las motivaciones del asesino. Dicho esto, la serie en este punto se ha hecho larga y eso que contaba solo con 10 capítulos. La trama principal era buena como demuestra su final, su dilatación y la incorporación de tramas e historias secundarias la perjudican terriblemente. Usar un personaje como Béranger únicamente como duda razonable es un error a tener en cuenta.

En resumen, Enemigo público, o como mínimo su primera temporada, cuenta con una buena trama pero tremendamente diluida. La falta de intensidad y de continuidad con la que se trata la idea principal perjudican su ritmo. Personajes realmente dispares a nivel de calidad y similares a nivel de protagonismo, junto con su mal aprovechamiento terminan de cuajar una serie inferior a lo esperado.

Valoración de la temporada: 6/10

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Ramón Ruestes Faire

Ramón Ruestes Faire

Crítico de cine y series. Torres de Segre, Lleida, Catalunya, España

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