La fosa más profunda y la montaña más alta

Aviso, spoilers heavies, tochos y tantos que más de uno me dejaré en el tintero. The game’s afoot!

La semana pasada ya estaba implorando que Sherlock no quedara relegado a la sucesión de esperpentos autoconscientes que Moffat y Gatiss planeaban. Como me imaginaba, y como le sucede tanto a esta uberserie como a Game of Thrones cuando pasa suficiente tiempo: tras algo mediocre preparaban algo especialmente potente. Consecuencia de alargar las series más de lo debido, cansancio de los guionistas, necesidad de relevo… you name it.

Sí, The Lying Detective —y yo que pensaba que le pasaría algo a Lestrade pero, tonto de mí, no acepté que los secundarios son eso: secundarios. Hasta Mrs Hudson, que es la polla personificada— fue algo potente. Fue algo, parcialmente, bueno. Pero siguió arrastrando varios de los guiños histéricos desde el salto, entre la segunda y la tercera temporada, auspiciado por el hype y la espera de dos años, a serie estrella con millones de seguidores en todo el mundo. Aquí me refiero a la deriva hacia la comedia (consecuencia de ver tanto The Big Bag Theory… hablo de Gatiss y Moffat), la constante autoconsciencia en Sherlock de que están haciendo Sherlock (una fina línea que están sobrepasando) y la vacuidad a la que han relegado ciertos componentes de la trama. La acción desmedida de The Six Thatchers (tanto ver 007). O, lo peor de todo, el nivel de parodia alcanzado en la ambición de hacer reír cuando la gente no ve Sherlock para reírse por más que acaben riéndose. Y la repetición de ciertas constantes.

Y por ciertas constantes —es curioso, los defectos no me permiten tratarlos todos en la misma oración— me refiero al character building, la reutilización de ciertos elementos previos en la trama para dotarles de una mayor carga dramático-narrativa. La adicción de Watson (genial Martin Freeman) al subidón de adrenalina en His Last Vow, de Sherlock (Cumberbatch bueno, no tanto como Freeman porque no deja de actuar frío) a las drogas desde que la serie es serie o hasta quién es realmente Mrs Hudson. Llega a cansar a veces, parece que eso unido a la tendencia hacia los extremos nos vaya a permitir sacar alguna fórmula matemática para dilucidar todo cuanto vaya a aparecer en Sherlock antes de que a Gatiss y Moffat se les ocurra. No es que lo hagan mal, simplemente buscan salirse por la tangente con el esperpento, la comedia o la catarsis, y cuando se dobla la apuesta corres el riesgo de perder el doble.

Esto dicho, y abandonando los excesos —lo de andar por las paredes cuesta borrarlo, habiendo criticado antes en Tarantino lo que acepté en el juego hoy: dibujar figuras geométricas en el aire—, el show ha tenido grandes aportaciones en esta ocasión. El fantasma de Mary, Culverton Smith, Irene Adler y la hermana Holmes secreta. Sí, mucho que procesar incluso cuando tod@s hemos visto el episodio. Lo primero sirvió para entronizar a Amanda Abbington como actriz, porque vale más que su última exhalación en el acuario. Lo segundo para que planee otro fantasma, el de Savile, por la BBC, y muy bien traído. Lo único, que vuelve a exponer el miedo de los creadores a recuperar un villano para otro episodio, tan valientes para algunas idas de olla para no para prometedores desafíos de guión; tampoco el desenlace es del todo satisfactorio, en cierto sentido resultaba tan sencillo que hería. Pero soy yo quien escribe esto. Lo tercero, un gustazo como escuchar ese gemido. Si ahora ella aparece en la season finale le va a quitar toda la gracia, y aun así somos tan emocionales como Sherlock y queremos que le quiten la gracia si nos devuelven a Lara Pulver. Sobre la hermana secreta, Eurus —Viento del Este—, ¿es Sherringford su nombre en clave o algo? ¿Hay cuatro hermanos? ¿Hablamos de un grupo relacionado con Moriarty? Porque en ese caso, la loca que se hace pasar por al menos tres personas distintas merece una medalla, y queda por ver qué nos depara en el futuro tras dispara a Watson. Con tanto material y el bajo nivel de competencia, resulta irremediable concederle a The Lying Detective el título de mejor segundo episodio en la historia de la serie. En fin, el de la boda no se lo iba a llevar.

Muchos fiebriles comentarios y un largo párrafo después, el juego continúa. Este episodio nos mostró la montaña más alta de Sherlock con un gran personaje construido en la línea de The Woman, Moriarty o Magnussen, y con giros de guión tan sencillos como magistrales; pero también nos enseñó la fosa más profunda. La historia de un genio adicto a la droga, de alguien indefenso por sí solo. Alguien que requiere de otro alguien, y que haría cualquier cosa por él, como poner su propia vida en peligro. Es este crucial aspecto el que rescata a Sherlock Holmes del aterrizaje una y otra vez. Al final, indeed, hablamos de un ser humano con sus faltas (porque son siempre graves faltas), que lo más relajado que hace es sexting con una dominatrix. Al menos él no le puso los cuernos a su mujer, aunque me vale para apuntarme el tanto de que el affair tendría algo que ver con el detective.

Pero tantas peroratas no curan ninguna bronquitis ni nos hacen un pelín más sabios, por más que algunos supuestos puntos positivos ejemplifiquen una simpleza un tanto ofensiva tras tanta complejidad. El show hizo lo que hace en las cumbres y perpetuó al mismo tiempo la deriva de barraca de feria que padecemos desde hace algún tiempo. 3 años de hecho. Quizás el problema final sea resolver la encrucijada; nuestro protagonista, hoy menos protagonista que nunca si eso es pensable, pudo con el fantasma de James Moriarty en su consciencia, ¿por qué no van Moffat y Gatiss a superar sus defectos? Han conseguido emparejar a Mycroft sin caer en el bochorno, por favor. Y han logrado toda una hazaña: Mary, Irene, Molly, Mrs Hudson, la nueva hermana Eurus… saben hacer personajes femeninos, y consiguen una quasi-paridad nada desdeñable en la televisión en la que nos movemos. Como dice nuestra difunta más divertida: nos cansa que la historia nos la cuente siempre un hombre. A saber lo que nos depara The Final Problem, pero que no olviden que brainy is the new sexy. Después de eso se sacaron de la chistera lo del dead y tenía un pase, pero ahora coquetean con el clowny. Un respeto para los payasos, no necesitan el intrusismo laboral de un detective privado.

P.D.1 En The Guardian han reparado en que Miss Me podría apuntar a Mycroft, Irene, Sherlock, Sherringford, Moriarty y Eurus. Just saying.

P.D.2 ¿Hizo algo esta hermana con Redbeard o con Sherlock tan grave que el mayor quisiera relajar la tensión con la historia de un viento oriental devastador? Porque eso no es nada relajante. Pero lo poco que sabemos de la Holmes es que tampoco lo es ella. We’ll give it a go. 

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Raúl S. Saura

Raúl S. Saura

Raúl S. Saura es un error de la naturaleza. Escapado de un psiquiátrico, vino a anidar en el contenedor de basura que ejerce de puntual sala de reuniones de los mandamases de RAD Spain. Como con el tiempo se le coge cariño decidieron nombrarle mascota oficial y, por qué no, subdirector general. Insiste en que no ha nacido en Murcia.

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