El triunfo de Todorov

Ante el fallecimiento del notable pensador —y a modo de homenaje— que excedió su propia epopeya de escapar de regímenes opresivos, su gran batalla por despresurizarnos del presidio neoliberal en que encerró tal sistema a lo democrático es, sin duda, el legado más grande, la herencia más colosal que intelectual alguno nos pudo haber dejado en los últimos años, tal vez décadas. La discusión que subyace con su punto de partida debería llevarnos, al menos a los intelectuales, a replantearnos siglos de pensamiento político en los que, obcecada y obedientemente, aún seguimos creyendo, sin cuestionarnos y mucho menos plantearnos, algo más digno, más humano y equitativo, que el contrato social leonino en que devino o viene derrapando nuestra democracia occidental. El desafío que deja como herencia Todorov es, para los medios de comunicación, en el caso de que puedan criticar el sistema mismo que los ha erigido como centinelas, como cancerberos, como censores, de esto que se dice algo que no lo es.

Introducción y referencia del autor al libro de mi autoría La democracia incierta: Nos encontramos con Tzvetan Todorov en su libro Los enemigos íntimos de la democracia en donde desde el título mismo escogido ya nos plantea la situación problemática o amenazante en la que se encuentra nuestro sistema de democrático, aspectos que irá detallando y pormenorizando capítulo a capítulo en su obra que, por las razones expuestas, no la trabajamos como cita textual (nos interesa el referenciar la integralidad del texto, el pensamiento vivo y sintetizado como expresión). Sin embargo, y como elemento a distinguir, el pensador búlgaro, partiendo de Malthus, también hace referencia a la necesidad de resituar o resignificar el principio de igualdad, señalando que es de imposible cumplimiento dado que no alcanzarían los recursos del mundo para que todos comiéramos como debemos comer, por tanto lo democrático se sostiene en la expectativa de que esto mismo ocurra alguna vez, y esta concepción lo hubo de expresar, sobre todo en diferentes entrevistas periodísticas, Jacques Derrida definiendo lo democrático como aquello que siempre está por cumplirse pero que no sucede nunca, y esa expectativa, es la que debemos revitalizar, empoderando a quienes tienen por generaciones el estado ausente en sus casas, en sus trabajos, en lo cotidiano de sus vidas y que perversamente se les dice que valen igual que cualquier otro, y en tiempos de elección se les pone un precio, mediante dinero o mercadería, para torcerles la voluntad.

“El neoliberalismo es un peligro muy próximo, porque, de momento, es la ideología de nuestros gobernantes. Hay otras ideologías que se perciben que son peligrosas, pero el neoliberalismo sustituye a la democracia, con lo cual nos encontramos en un régimen que ya no corresponde a la definición de democracia”, dijo Todorov en una entrevista con EFE en 2014.

De lo que aquí se trata es de determinar cuán democráticos son aquellos que tienen una porción de poder, y que no necesariamente son elegidos por el acto simbólico de lo democrático, mediante una elección, para ser legisladores o gobernantes. Es lo previo de lo que elegimos, lo que se cuestionaba el autor, si es que verdaderamente podemos elegir. ¿Qué tan democrático puede ser un sistema que no define sus ejes principales democráticamente, pues todo está definido previamente, casi antidemocráticamente incluso? ¿Podemos desde los medios de comunicación, que han sido instituidos como los edificios panópticos en donde se observan nuestros comportamientos absurdos y contradictorios, en la falsa escenografía de una democracia que si quiera nos interesa tenerla realmente, plantear hasta donde continuaremos con esta farsa?

«Que la libertad de expresión sea una necesidad parece claro cuando pensamos en el ciudadano aislado, maltratado por la administración, al que se le cierran todas las puertas y sólo le queda un recurso: hacer pública la injusticia de la que es víctima y darla a conocer, por ejemplo, a los lectores de un periódico. Pero estamos simplificando demasiado. Imaginemos que el discurso que aspira a la libertad de expresión es el del antisemita Drumont, o que tiene que ver con una propaganda odiosa, o que consista en difundir informaciones falsas. Pensemos también no en el individuo aislado, sino en un grupo mediático que posee cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos, y que puede decir por ello lo que quiera. Que escampen al control gubernamental es sin duda bueno, pero parece más dudoso que todo lo que hagan sea beneficioso. La libertad de expresión tiene sin duda su lugar entre los valores democráticos, pero cuesta ver cómo podría convertirse en un fundamento común. Exige la tolerancia total (nada de lo que decimos puede ser declarado intolerable), y por lo tanto el relativismo generalizado de todos los valores: “Reclamo el derecho a defender públicamente cualquier opinión y a despreciar cualquier ideal”. Ahora bien, toda sociedad necesita una base de valores compartidos. Sustituirlo por “tengo derecho a decir lo que me da la gana” no basta para fundamentar una vida en común. Es del todo evidente que el derecho a eludir determinadas reglas que no puede ser la única regla que organiza la vida de una colectividad. “Está prohibido prohibir” es una bonita frase, pero ninguna sociedad puede ajustarse a ella.» (Todorov, T. 2012:7)

Todorov, T. (2012). Los enemigos íntimos de la democracia. (trad. Noemí Sobregués) Barcelona: Galaxia Gutenberg, pp. 7

A esto nos desafía el autor a quien póstumamente le publicarán un texto intitulado El triunfo del artista. A modo de homenaje el título del artículo para quien ha logrado escapar de varias cárceles y, no conforme con ello, humildemente nos legó un puñado de referencias para otros que pretendan una aventura semejante, dentro del desierto de lo real y tras los engaños y los oasis que maquinan los diseños más engañosos de un sistema que nos prefiere mansos, obedientes y silentes.

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Francisco Tomás González Cabañas

Francisco Tomás González Cabañas

Comunicador, filósofo, ensayista. Nací en el `80 cuando retornaba la democracia en mi país (Argentina). Maduré en el `01 cuando una crisis de proporciones casi se lleva puesta a esa democracia. Viví unos meses en Madrid, tengo editados 4 libros de filosofía. Dos novelas filosóficas (El Macabro Fundamento y el Hijo del Pecado) y dos ensayos de filosofía Política (El Voto Compensatorio, Redefinición del Contrato Social y La Democracia Incierta).

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