Passengers. Carcasa vacía

Por suerte para muchos, la ciencia ficción parece ser un género que vuelve a protagonizar la gran pantalla. Ver una entrega más de este género es lo que ha motivado la apuesta por Passengers (2016). La superproducción espacial dirigida por Morten Tyldum se ha promocionado como una obra espectacular, tensa y llena de suspense. Además, estar protagonizada por una gran actriz como Jennifer Lawrence y uno de los actores de moda como Chris Pratt profundiza un poco más en mi curiosidad por ella. Los dos protagonistas despiertan sin saber cómo en un contexto de ciencia ficción, donde tendrán que descubrir, junto con el espectador, la verdad sobre su situación así como sobrevivir a ella. Se me hace inevitable pensar en una gran obra de ciencia ficción como es La isla (2005) de Michael Bay, protagonizada por Scarlett Johansson y Ewan McGregor, añadiendo la presente el interesante plus visual que le da el viaje estelar y los efectos especiales actuales. Con una expectativa realmente alta, vamos a desentrañar el film de hoy. El argumento nos sitúa en una nave interestelar en un largo viaje, con miles de pasajeros hibernando. Ante los problemas técnicos de la nave, una de las cápsulas de hibernación se abre, despertando a uno de los pasajeros 90 años antes de lo debido.

La ausencia de tensión y empatía condenan la obra

Fuente: https://plus.google.com/118374402495618927369

Es curioso cómo al mismo tiempo la obra se hace ligeramente larga en su conjunto y no llega a profundizar en ninguna de sus fases. El film empieza con el despertar de Jim Preston, personaje interpretado por Chris Pratt. En esta primera fase, la obra pretende indagar en la soledad y la desesperación del protagonista ante la nueva situación en la que se encuentra. Despertar 90 años antes de lo previsto, solo en una nave en medio de la nada y sin posibilidad de volver a dormirse. La situación presupone esa soledad y desesperación que se pretende, pero esta no llega a suceder. Vimos a Chris Pratt en la fantástica Guardianas de la Galaxia (2014) o en la justa Jurassic World (2015), ambas obras con más dinamismo que exigencia interpretativa. En esta ocasión, la situación de la primera media hora de la película le exige trasladar al espectador una angustia que por h o por b no consigue generar. Compararlo con Tom Hanks parece terriblemente cruel, pero un poco esa expresión vista en Náufrago (2000) o Capitan Phillips (2013) podría haber sido la adecuada en este momento.

A la media hora despierta como un tormento Aurora, personaje interpretado por Jennifer Lawrence. La diferencia entre ambas interpretaciones es abismal. A pesar de que la obra no apuesta por su brillantez interpretativa, Jennifer muestra en forma de latigazos su talento. Sin atisbo de desesperación, la obra en esta segunda fase se centra en la relación romántica entre ambos personajes, una relación que tampoco termina de fluir. La falta de empatía de ambos en particular y de su historia en general marca gran parte de la película. Con todo ello, ya hemos pasado una hora entera de visionado con dos ideas cuya ejecución no termina de cuajar y sin un atisbo de suspense o tensión.

Esa ausencia de tensión es uno de los grandes problemas de la obra. La nave tiene problemas técnicos, hecho que el film nos muestra en sus primeros segundos y son recordados de forma constante, sin que los dos protagonistas se den cuenta de nada. El suspense es completamente nulo, el espectador ya sabe lo que pasa y la tensión es inexistente. Que la historia central se limite a la frágil relación afectiva y/o amorosa de unos protagonistas ajenos a los problemas de la nave evita cualquier vislumbre de tensión posible. En la fase final descubren su situación real gracias a que se despierta un tercer tripulante, no porque los protagonistas salgan de su dulce o amargo letargo amoroso. Se arregla el problema con algún atisbo de la acción estelar que se intuía predominante, un final con mensaje y para casa.

El aspecto visual es realmente satisfactorio con algunas fases de brillantez, tal como se podía esperar de una obra de este estilo. La banda sonora, compuesta por Thomas Newman, es más que correcta. El envoltorio tanto estético como sonoro no es ningún problema, todo lo contrario. Su ritmo tampoco se alza como un problema a batir. La obra no aburre en ningún momento a pesar de su superficialidad.

En resumen, Passengers se presentó como una gran obra de ciencia ficción y terminó siendo una carcasa vacía. Ausencia de sensaciones vitales para el film como la tensión, la desesperación o la soledad, interpretaciones muy por debajo de lo que precisaba la película, sobre todo en el caso de Chris Patt. La ausencia de elementos del thriller y los pocos elementos de acción dejan una obra pobre de contenido y bonita de envoltorio.

Valoración de la obra: 6/10

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Ramón Ruestes Faire

Ramón Ruestes Faire

Crítico de cine y series. Torres de Segre, Lleida, Catalunya, España

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