LA POSVERDAD EN ESPAÑA

Soy estudiante de Ciencias Políticas, y un día en clase salió el tema de la posverdad. Como estudiante de política y muy de vez en cuando escritor de artículos (si se permite el atrevimiento), investigué para saber más sobre este fenómeno que cada vez cobra más relevancia en España (y en todo el mundo), para poder escribir e informar a todos nuestros lectores acerca de este término que poco o muy poco se ha escuchado, así que vamos a ello.

¿Qué es la posverdad?

La posverdad o también conocida como mentira emotiva, es un neologismo que describe la situación en la que, cuando hay que cambiar o crear una opinión pública, los hechos objetivos no tienen la misma relevancia que los sentimientos que pretende despertar.
Esta política ha vuelto a sacar la tradicional confrontación entre la falsificación y la verdad.
Es sin ninguna duda una manipulación de la opinión pública, una estafa y una mentira para conseguir simpatizantes.

Ahora que ya tenemos una noción de la posverdad, vamos a ver sus orígenes. (Esto es totalmente innecesario para el lector, pues no aporta nada en especial pero si gusta tener un poco de culturilla general, lo mismo le sirve)

Este término esta atribuido a un escritor de blogs llamado David Roberts. Según los diccionarios Oxford, el término se usó por primera vez en 1992, en un ensayo del dramaturgo americano Steve Tesich en “The Nation”. Este hombre escribió sobre el caso Watergate, Irán y la Guerra del Golfo. En 2004, el escritor Ralph Keyes escribió un libro sobre la posverdad titulado “The Post-Truth Era: Dishonesty and Decepction in Contemporary Life”. En ese mismo año un periodista estadounidense llamado Eric Alterman, escribió varios artículos sobre diversas declaraciones de George Bush relacionadas con el 11N. A partir de 2010, su uso fue extendido por toda Inglaterra llegando a ser la palabra del año en 2016.

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Una vez que hemos visto su historia podemos pasar a la descripción y uso.

Se caracteriza sobre todo por repetir siempre los mismos argumentos aunque se hayan desmentido. En un sentido más extremo podría decirse que la posverdad hace uso del conspiracionismo. Esto aleja a la gente de la información e inyectan en la sociedad unos rumores falsos. Un ejemplo fue la supuesta fe musulmana de Obama.
El uso de esta política se ha extendido a países como Austria, Alemania, EEUU entre otros.

La posverdad ha influido de manera considerable en ciertos ámbitos de los medios de comunicación. Esto ha provocado que la confianza en las instituciones públicas haya caído hasta mínimos históricos en todo el mundo. Además la influencia de las redes sociales ha permitido la expansión de una manera especialmente rápida.
En el año 2015, Jayson Harsin, acuñó el término “Régimen de la Posverdad”. Esto explica la convergencia de desarrollos que han dado lugar a la sociedad de la posverdad: el desarrollo de la comunicación política profesional informada por la ciencia cognitiva, que tiene como objetivo controlar la percepción de la y la creencia de las personas a través de técnicas de “microtargeting”.
Esto crea un fenómeno sociopolítico que supera el mero retorno a las primeras formas de periodismo: no es que la verdad y los hechos hayan desaparecido, sino que son objeto de distorsión y enfrentamiento. Puesto que la condición es manipulada por la comunicación política profesional.
Este surgimiento coincide con la aparición de ideas políticas polarizadas.

Ahora ya que se ha leído y en cierto modo comprendido, pasemos a ver una serie de ejemplos que han pasado en nuestro país, y que ciertos grupos tratan de disimular aunque han sido cazados por expertos y reflejados en varios artículos de prensa.

Como veíamos antes, la posverdad viene a decir que hay mentiras mucho más creíbles que la verdad.
En España solo hay que abrirse una cuenta en Twitter, para ver como abunda y se mezcla con populismo y demagogia. De esta forma, atrae el descontento de los ciudadanos y se engaña de forma descarada.
Un claro ejemplo es la continua insistencia de Podemos al deslegitimar la Transición y tratan de vender una mentira como que fue una imposición del franquismo y que las instituciones actuales están contaminadas por aquel vicio.
Para ver el ejemplo más de cerca (y dar a entender que no estoy haciendo uso de la posverdad) recordemos al diputado de Podemos que fue al Congreso con una camiseta que ponía “Yo no voté a ningún Rey”. Es probable que todo aquel que haya nacido a partir de 1978 no lo votara, pero si lo votó el 87% de los españoles que dieron su voto a la Constitución de aquel.
Otro ejemplo es la campaña para hacernos creer algo tan dudoso como como que durante la Transición se planteó el dilema entre monarquía y república (cosa totalmente falsa, y quien diga lo contrario que lo demuestre si puede).
Esta duda anterior se resuelve con que la derecha no aceptaba la república y la izquierda había aceptado al Rey para evitar una nueva confrontación y si no lo cree el lector del artículo, que recuerde como La Pasionaria aplaudía a Juan Carlos I en la Sesión Inaugural de las Cortes.
Volviendo al tema de Podemos. Si el señor Pablo Iglesias quiere deslegitimar a Felipe VI y proponer una nueva forma de estado, está en su completo derecho, pero lo que no puede hacer, es hacer uso de la posverdad (o falsificación total del pasado en este caso) para reforzar sus ambiciones personales y políticas.

Como ven, hay ciertos grupos que hacen uso de la posverdad, o lo que también puede llamarse mentira. De este modo atraen votos y crean movimientos sociales de un origen dudoso en cuanto a motivos.
Todo esto me lleva a preguntarme (y creo que a todos los que me hayáis leído también) en qué más ámbitos de nuestra vida y de la política hemos sido engañados.



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