Carta Abierta a José Antonio Sánchez.

Estimado funcionario, en virtud de algún acto público del que requirió su presencia, observé parte de un discurso suyo, en donde, expresa, en relación al “descubrimiento” de América, que España no ha sido colonizadora, sino evangelizadora y civilizadora. Desde mi condición de descendientes de Españoles, tengo la obligación de señalarle algunas cuestiones que hacen a mi obligación como súbdito de la misma Corona, que entre tantas cosas ha posibilitado que familiares míos vinieran a estas tierras, por ellos conquistadas y colonizadas, para que familiares suyos, sigan expresando, conceptos políticamente correctos, a los fines de que algún tiempo después, usted justifique sus ingresos expresando lo que expresa. Esto, por supuesto no tiene nada que ver con lo acertado o desacertado de sus declaraciones. Esto tiene que ver, con que usted sigue fortaleciendo aquella vieja idea de colonización, que ahora tiene como instrumentos los medios de comunicación, sobre todo los públicos, como el que usted preside.

Podrían señalarme que esta diferencia de perspectivas no es más que una mera cuestión semántica. Tal vez. Sí estuviésemos en México, me alcanzaría con expresarle Don Antonio que se deje de decir pendejadas, en caso de situarme al otro margen señalado por el tratado de Tordesillas, tendría que escribirle en portugués, sin embargo, ciertas formalidades son necesarias y fundamentales, como para que la comunicación ratifique, con palabras, con sonoridad, las intenciones que tenemos tras ellas.

Pepe querido, como decimos por estas pampas. Acá los Españoles que arribaron a estas tierras, no tuvieron ni otra posibilidad, ni otra misión que no fuera la de colonizar o conquistar, el resto, la evangelización o civilización, tan sólo fueron instrumentos para tales fines, que pusieron a salvo a la corona.

Es importante que vos entiendas, que ocupas un cargo público, que sí todos los descendientes de Españoles, decidimos dar por terminada la misión evangelizadora y civilizatoria que vos decís que acá se vino a realizar, vamos a duplicar la población actual de la península, y que cómo mínimo, tu sueldo, tu ingreso, tu salario, tendría que reducirse bastante, dado que ni la corona, ni el estado, ni las naciones unidas, podrían impedirnos regresar al lugar del que somos originarios. Más sí fueron nuestros antepasados los que vinieron a colonizar estas tierras, para que todos los que allí se quedaron, vivan mucho mejor de lo que vivían hasta entonces.

Nosotros, los descendientes de los que perpetraron aquella acción, que más allá de juzgamientos, permitió salvar económicamente al reino, estamos administrando nuestras contradicciones, (dado que también somos descendientes de los exterminados) y por ello es que seguimos habitando estas tierras, que como continuidad de ese mandato colonizador, mantiene astronómicos números de pobres, de marginales y de índices de inequidad y desigualdad.

No conviene que hables en los términos en los que hablas, en todo caso sí tu convicción es buscar una verdad, te hubieras dedicado a la filosofía, o de lo contrario se la dejas a Dios, en nombre de quién, como muy bien sabes, se han perpetrado crímenes y latrocinios, y hacia quién, los culpables dirigen su solicitud de redención.

Seguimos teniendo las manos manchadas de sangre, esperamos contar con tus cámaras, con tus micrófonos, para contarlo, para dar cuenta de esto que expresamos, a distancia, desde estas tierras colonizadas, evangelizadas, civilizadas o como prefieras.

“Si la historia la escriben los vencedores” frase atribuida a George Orwell,  la frase conceptual se completa con “existe otra historia de los vencidos”, tal como si fuese un estandarte de un ejército de vencedores morales, de melancólicos o románticos revisionistas, que mediante un gran esfuerzo investigativo e intelectual, se empeñan en relatar modificaciones a esa gran historia oficial, a la que suelen torcer, mediante modificaciones menores, logrando gestas apocadas que reinan en el ámbito simbólico.

Como dijo Oscar Wilde en su ensayo El crítico como artista, el único deber que tenemos con la historia es reescribirla. La no existencia de hechos si no de interpretaciones, nos invitan a salir de la caverna, en busca de la luz que hicieron las imágenes con las cuáles nos hemos educado y creado, el temor a quedar enceguecidos no detendrá el camino en búsqueda de elementos, que consideramos indispensables para conocer lo que somos, resignificando con ello la historia misma, sus metodologías e instituciones.

 



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Francisco Tomás González Cabañas

Francisco Tomás González Cabañas

Comunicador, filósofo, ensayista. Nací en el `80 cuando retornaba la democracia en mi país (Argentina). Maduré en el `01 cuando una crisis de proporciones casi se lleva puesta a esa democracia. Viví unos meses en Madrid, tengo editados 4 libros de filosofía. Dos novelas filosóficas (El Macabro Fundamento y el Hijo del Pecado) y dos ensayos de filosofía Política (El Voto Compensatorio, Redefinición del Contrato Social y La Democracia Incierta).

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