La mujer, símbolo y lucha de la Segunda República

Aprovechando que el 14 de abril se conmemora el aniversario de la Segunda República, nos vemos en la obligación de recordar este periodo histórico de nuestro país dando un enfoque primordial en cuanto a su importancia y labor a la figura de la mujer, símbolo personificado de la lucha por la igualdad jurídico-social efectiva en España.

 
La redacción de la Constitución española de 1931 supuso para la mujer un grandísimo avance en torno al marco jurídico de sus derechos y a su figura como participante en la en el régimen político de la Segunda República. La mujer empezaba a ser fundamental en la realidad sociopolítica de España. Se vislumbraba la realización política de la mujer como una de las primeras necesidades del régimen. Que la Segunda República fuese caricaturizada en una alegoría con la imagen y el semblante de una mujer, daba buena cuenta del cambio radical que estaba produciéndose en el ámbito sociopolítico español de 1931.

 
Tras las elecciones del día 28 de junio de 1931, tres mujeres entran a componer las Cortes: Clara Campoamor, Margarita Nelken y Victoria Kent. Fue la primera vez en la historia de España que el papel de la mujer ocupa un lugar en el órgano de representación parlamentaria nacional, el Congreso de los Diputados. Destacando el papel de Clara Campoamor como firme participante en la redacción de la Constitución, ésta finalmente sería aprobada el 9 de diciembre de 1931.
Si analizamos un poco del articulado de la Constitución de 1931, el Artículo 25 afirma que “no podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas política ni las creencias religiosas”. Este artículo ya define que el sexo no será excusa para establecer privilegios, que en la formalidad jurídica hombres y mujeres ostentarán los mismos derechos.

 

El Artículo 43, en su apartado referente a la Familia, ilustra que “…El matrimonio se funda en la igualdad de derechos de ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de causa justa”. Este nuevo enfoque en una institución tan pesada como es el Matrimonio, sería la piedra angular que guiaría la modificación del Código Civil. El 11 de marzo de 1932 era promulgada la primera Ley del Divorcio en España, una ley que acababa con las disposiciones del matrimonio del Código Civil de 1889, el cual recogía que solo el matrimonio podría disolverse a través de la muerte.

 
Igualmente, y durante el transcurso de la Guerra Civil, se promulgó la Ley del Aborto, por iniciativa de la ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, Federica Montseny, bajo el asesoramiento de representantes del movimiento libertario como Amparo Poch. Sin embargo, solo llegó a aplicarse en Cataluña.

 

Finalmente, uno de los mayores logros de esta Constitución para la mujer es el que aparece reflejado en los artículos 52 y 53 de la misma, es decir, por primera en la historia de España se reconoce un “sufragio universal, igual, directo y secreto” y reconoce que la condición de Diputado pueden adquirirla “todos los ciudadanos de la República mayores de veintitrés años, sin distinción de sexo ni estado civil, que reúnan las condiciones fijadas por la ley electoral.” A instancias de las condiciones establecidas por la ley electoral, de nuevo vuelve a aparecer en la Carta Magna la palabra “sexo”, estableciendo una condición de igualdad para que tanto hombres y mujeres puedan votar y presentarse como candidato o candidata a ocupar un puesto en las Cortes Generales. De hecho, en las elecciones generales de 1933 fue la primera vez en la historia de España que las mujeres acudieron a las urnas.

 
Los cambios jurídicos y sociales que derivaron de la Constitución de 1931 fueron espectaculares (principio de igualdad de sexo, ley de divorcio, derecho al voto, etc.). Sin embargo, estos cambios afectaron a grupos de mujeres reducidos. Pero esta minoría, junto al rol de determinadas mujeres en el parlamento y un importante número de maestras organizó diferentes movimientos (Mujeres Antifascistas, Mujeres Libres) para defender los derechos personales y sexuales, y transmitir a la mujer la alfabetización y la cultura dentro del campo educativo. En cambio, durante el periodo de la Segunda República también se crearon asociaciones de mujeres de derechas, como la Asociación Femenina de acción popular, contrarias a todo avance jurídico-político a favor de la mujer, para defender la familia tradicional, la abstinencia fuera del matrimonio, y sobre todo, su dependencia moral y personal de un patriarcado compuesto por el machismo y la Iglesia. En 1934 se creó la Sección Femenina de la Falange, que tuvo un rol fundamental en el bando nacional durante la Guerra Civil y sobre todo durante la dictadura franquista donde se culminó moviendo masas.

 
Con la República, el movimiento sexológico se manifestó y siguió adquiriendo poder a través de movimientos, escritos, y cursos, culminando con la creación de la revista “Sexus” en1932, Órgano de la Liga Española para la Reforma Sexual sobre bases científicas, que organizó actividades de gran importancia política, social, intelectual y científica como “Las Primeras Jornadas Eugénicas Españolas” con el objetivo de concienciar a las mujeres de sus derechos.

 

A largo plazo, la Constitución de 1931 ha influido la Constitución de 1978 para conseguir pronunciamientos a favor de la igualdad. Su influencia aparece principalmente, entre otros artículos, en el Artículo 1.1, garante de un Estado democrático y regulado por el ordenamiento jurídico donde la igualdad es uno de sus valores superiores; en el Artículo 9.2, que garantiza que los poderes públicos promoverán las condiciones para garantizar la libertad y la igualdad del individuo; y en el Artículo 14 “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” (similar al Artículo 25 de la Constitución de 1931).

 

Sin embargo, y como ocurre con buena parte del articulado de nuestra actual Carta Magna, lo que se garantiza formalmente no tiene cabida ni ejecución en la realidad. En el ámbito de la mujer, siguen a la orden del día problemas de machismo y supremacía del hombre en muchos ámbitos, como en el laboral, el familiar dentro del hogar, etc. Es responsabilidad de todos seguir regando la semilla que las mujeres de esta época plantaron a favor de su presencia social, política y jurídica.

 
Sin lugar a dudas, la Segunda República convirtió a la mujer en protagonista principal. En todos los ámbitos de la vida las mujeres fueron ocupando el lugar que les correspondía por el mero hecho de ser personas y tener las mismas capacidades que los hombres. Su acceso al mundo político, su papel dinamizador en las luchas sociales, sus conquistas laborales y legales, convierten a la Segunda República en el régimen que posibilitó el protagonismo de la mujer y el desarrollo del feminismo.



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