Alien: Covenant. La herejía Alien de Ridley Scott

Salgo de mi letargo literario, si es que se puede llamar así, para escribir sobre Alien: Covenant (2017), una de las películas que se intuía como uno de los éxitos del año. El estreno de una nueva entrega de la saga Alien (1979-2017) que iniciaba el propio Ridley Scott con Alien: el octavo pasajero (1979) o simplemente la nueva obra del universo Prometheus (2012). Esperando sinceramente más peso en esta segunda opción, cualquiera de las dos, junto con el prestigio del director era motivación más que suficiente para apostar por ella. La historia se centra esta vez en la nave colonizadora Covenant y su viaje interestelar hacía un mundo mejor. En su larga travesía se encuentran con un planeta aparentemente ideal. La tripulación decide valorar sobre el terreno su adecuación para la importante misión que se traen entre manos, hecho que les conectará directamente con los sucesos producidos con la Prometheus unos años antes. A partir de aquí desentrañaré elementos del argumento, por lo cual recomiendo haber visto la obra antes de seguir leyendo.

Hablé en el encabezamiento de dos obras que parecen iguales y son enormemente diferentes. Alien: el octavo pasajero es una obra de ciencia ficción o más bien una joya de la ciencia ficción, pero sus tintes de terror la sitúan como un estandarte de ambos géneros. No hay adjetivos suficientes para alabar la que para mí es una de las mejores películas de la historia. Prometheus a pesar de mantener lazos con la saga original cuenta con un estilo completamente diferente. La obra que sacó de su brillante letargo a Alien en 2012 vira mucho más hacía la ciencia ficción que hacia el terror. No encontré en ella una mala película de ciencia ficción, más bien todo lo contrario. Una nueva e interesante línea argumental, personajes más frescos con especial mención a una Noomi Rapace realmente pletórica junto con el gran Michael Fassbender y una forma de desarrollarse y unos efectos especiales profundamente adecuados. Sin ir más lejos, los lazos entre ambas obras se hacen explícitos al final de la obra, dejando el punto de partida y su desarrollo en gran medida independiente de la saga en la que teóricamente se encuadra.

La distinción entre ambas es necesaria para entender Alien: Covenant o más concretamente entender el terrible error de estilo de Alien: Covenant. La obra empieza como otra más del montón, sin la belleza de Prometheus ni su interesante punto de partida. Una nave llena de colonos en busca de un nuevo mundo se ve envuelta en un accidente estelar. En este punto se nos presenta a la tripulación, un elenco de personajes extremadamente comunes para lo que se podía esperar. Entre ellos destaca el todopoderoso Michael Fassbender y la actriz inglesa protagonista de gran parte de la promoción de la obra Katherine Waterston, papeles que desentrañaré más adelante. El argumento se fuerza para que la tripulación se adentre en los misterios de planeta que acaba de aparecer en los sistemas de comunicación y, a partir de entonces, todos ellos pasan a ser carne de cañón. Nadie se salva de la criba, ni del enemigo ni tampoco de la película en sí.

El terrible eje argumental masacra el concepto Alien

Fuente: http://wallpapershome.com/movies/alien-covenant-michael-fassbender-best-movies-12973.html

La herejía que muestra Covenant es, sin lugar a dudas, argumental. Un único elemento por sí sólo es capaz de destruir por completo toda admiración posible sobre la obra que hoy nos atañe. La película cuenta con un supervillano. En todas las entregas hay personajes mejores y peores a nivel moral, pero el enemigo es el Xenoformo, el propio Alien. La monstruosa criatura se basta y se sobra para atemorizar, descuartizar o usar a su antojo cualquiera que se interponga en su camino. El papel de supervillano se establece como un puntal, un eje terrible para el film.

Esa horripilante apuesta del director destruye uno de los elementos que hicieron brillar a Prometheus, los Ingenieros. Ese interesante punto de partida es masacrado tanto literal como figuradamente por el film en apenas un suspiro, pero no es lo único que se lleva por delante este nuevo rumbo. El personaje principal de la entrega anterior, Noomi Rapace interpretó a una Elizabeth Shaw fresca, valiente y profunda, características que la aproximaron ligera e interesantemente a la mítica Ellen Ripley. En esta ocasión es masacrada también a nivel argumental. El último gran perjudicado, el propio Xenoformo. La indomable y aterradora criatura sigue siendo aterradora en gran medida, pero su personaje o su santidad se ve degradada a un experimento febril del insostenible villano. Todo lo referente al Xenoformo no es más que una prueba más de la herejía en que se ha convertido la obra.

Dejando el argumento de lado, Covenant muestra latigazos, guiños o marcas de estilo aparentemente próximas a la mítica obra original. Este elemento es quizás, de los pocos que salvan la película. El film vira más al terror que Prometheus gracias a ello, aunque estos lazos con la obra original en ocasiones son demasiado obvios. La popular salida torácica de la bestia, su sigilo, los tormentos del incubado, la oscuridad en el ambiente o incluso una pelea en una sala de carga forman parte del elenco de guiños a la saga.

En la misma estela de lazos o guiños entre sagas encontramos a Daniels, interpretada por Katherine Waterston. Si el personaje de Noomi Rapace recordaba ligeramente a la propia Ripley por su complejidad, valentía y naturalidad el caso del personaje de Waterston es completamente opuesto. Los tintes de terror y latigazos nostálgicos, así como la caracterización del personaje fuerzan el parecido con Ripley, aunque sea de forma muy superficial. La profundidad y la valentía de la maestra Alien brillan por su ausencia, pero los lazos permiten un forzado parecido físico y situacional. Entre tanta carne de cañón y superficialidad encontramos al gran Michael Fassbender. El brillante actor alemán se mete en la carne, bueno quizás la palabra carne no sea del todo acertada, del androide de turno o de los androides de turno. Héroe o villano, su portento interpretativo esta vez es menos de lo esperado, aunque es muy superior que el resto. Su personaje/s no le ayudan lo más mínimo y gran parte del caos argumental gira a su alrededor.

En resumen, Alien: Covenant (2017) es una autentica herejía a los orígenes, a los dos orígenes de la saga. Destripando todo atisbo de calidad de Prometheus y rebanando el argumento con un nuevo rumbo tremendamente horripilante, en el peor sentido de la palabra. De unos personajes extremadamente superficiales sobresale el intento fallido Katherine Waterston como la nueva Ripley y un Michael Fassbender con todo en contra. Los latigazos de terror se convierten en lo mejor de una obra que echa por tierra todo lo que ha representado el Xenoformo y la propia obra maestra de Ridley Scott.

Valoración de la obra: 4/10

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Ramón Ruestes Faire

Ramón Ruestes Faire

Crítico de cine y series. Torres de Segre, Lleida, Catalunya, España

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