Nueva obra de filosofía política: “El acabose democrático”.

En esta larga serie de ensayos, que se subdividen en capítulos como; la política en los claustros universitarios; la política al diván; la política en las calles, la política en los medios de comunicación y epifenómenos democráticos, entre otros, el autor considera que la democracia está atravesando un momento de acabose, una hibridación entre una situación placentera, casi orgiástica, en donde lo electoral se eleva como fetiche, el voto cosificado, metaforizada la urna incluso como vulva y una finalidad ineluctable, un tránsito de una agonía lenta e indetenible que se aprecia y observa en todas y cada una de las crisis de las que son objeto las mayorías de las democracias occidentales.

Acabar es terminar, concluir, finalizar. En ciertas geografías tal denominación del colofón se asocia, vulgar como exclusivamente, con la consumación sexual, el instante indeterminado, cuando tras el éxtasis pleno, orgásmico, deviene en el sucumbir del cuerpo y la mente, que acaban al unísono con el placer, con el todo, concluyendo en una nada que volverá a ser el paso siguiente para iniciar otro comienzo.

Esta que es la tercera obra de filosofía política del autor (El Voto Compensatorio, Editorial Académica Española, 2014. La democracia incierta, Editorial AB. 2015) y la quinta general (El Macabro Fundamento, Dunken. 1999 y El hijo del Pecado, Moglia. 2013) logra consolidar la fibra íntima de una pluma que busca la musicalidad textual entre referencias a autores clásicos y contemporáneos, en un tono de permanente desafío, cuando no de provocación ante un lector que bien podría sentirse interpelado.

El bien jurídico mayor de cualquier ciudadano ante un derecho colectivo es que le sea garantizado una vida en democracia, y cuando esto no ocurre, el mismo ciudadano debe agotar las instancias para llevar adelante este reclamo en todas las sedes y ante todas las instancias judiciales. No podrían objetarse ante esto, cuestiones metodológicas o de fueros, la justicia en cuanto tal, debe preservar y hacer cumplir el precepto democrático por antonomasia que el único soberano es el pueblo, pero la traducibilidad de esto, debe manifestarse mediante un cambio de lo democrático, tal vez redefiniéndolo o disolviéndolo en sus partes más oscuras, lo más democráticamente posible, sería que quiénes pretenden vivir bajo sociedades más democráticas, planteen en sus parlamentos o asambleas, mediante diputados, legisladores o ciudadanía común, proyectos que cambien el eje de las democracias, y que no sólo sea semántica, de lo contrario y tal como lo venimos observando, más temprano que tarde, se impondrá de hecho y no seguramente en forma pacífica o armoniosa, el cambio, nodal, radical y substancial, tan necesario e indispensable.

A nivel democrático o de las democracias actuales, todo lo que adolece en la misma es sustento de su fuerza. Es decir todo aquello que nos hace faltar, es precisamente la ilusión que nos conmina a seguir sosteniéndola como sistema político y social. Aquí también reside el germen de su aspecto más criticable, no terminará de resolver ningún aspecto en profundidad, dado que cuando lo haga nos dejará de resultar interesante, atendible o sostenible como el andamiaje social y político en el que nos basamos. Los altos índices de pobreza o marginalidad, es la prueba cabal de esto mismo. Tales indicadores difícilmente se reduzcan o se cercenen en nombre o a favor de lo democrático, dado que la razón de esto mismo, es permanecer en todo aquello que ilusoriamente cumplirá algún día, día por otra parte que nunca llegará, al menos en este plano.

La democracia se transforma en una cuestión de fe. Sus críticos o negadores, pasan a ser tanto viejos (es decir que no pertenecen a lo actual, no forman parte del sistema), como oligarcas (defienden sus intereses que no son los de ellos, que tampoco son mayoritarios sino que usan a esas mayorías para decirse mayoritarios), cuando no marginales y privados de razón que vendría ser lo mismo.

Finalmente un interrogante, tal vez de los más contundentes con los que nos despabila el autor: “¿Estamos esperando, acaso, otro genocidio perpetrado por Europa de acuerdo a los postulados teóricos de algunas de sus mentes más brillantes que, siempre, han considerado que en Occidente brilla la luz de la razón a diferencia de la oscuridad que abunda en sus fronteras o márgenes?”.

Autor: Francisco Tomás González Cabañas

Editorial Ápeiron.

Madrid. España.

Páginas 202.

Año 2017.

 

Web Editorial: http://www.apeironediciones.com/

Web Autor: http://filopolitica.wordpress.com/

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Francisco Tomás González Cabañas

Francisco Tomás González Cabañas

Comunicador, filósofo, ensayista. Nací en el `80 cuando retornaba la democracia en mi país (Argentina). Maduré en el `01 cuando una crisis de proporciones casi se lleva puesta a esa democracia. Viví unos meses en Madrid, tengo editados 4 libros de filosofía. Dos novelas filosóficas (El Macabro Fundamento y el Hijo del Pecado) y dos ensayos de filosofía Política (El Voto Compensatorio, Redefinición del Contrato Social y La Democracia Incierta).

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