Se quedó atascado en un aseo público durante horas

Aquiles Brinco todavía no se ha recuperado del susto que sufrió la pasada tarde cuando, en su santa inocencia, quedó atrapado en un aseo público hasta que vinieron los bomberos a rescatarlo de una forma que ha pasado a engrosar el temario de situaciones peligrosas de emergencia.

Les podemos relatar la escena y la angustia que supuso al señor Brinco esta odisea para olvidar gracias a una entrevista realizada por nuestros compañeros y que relatamos a continuación:

¿Qué fue lo que desencadenó la situación que le llevó a quedarse atrapado en el aseo público?

Pues hace dos tardes estaba en el parque de Santa Sofia cuando noté que tenía unas ganas de hacer de mayores. Y me fui disparado para los baños públicos que estaban cerca del lago.

¿Y había alguien en ese momento?

Nadie. Estaba desierto. Y elegí un retrete que estaba limpísimo. Cerré la puerta y me dispuse hace mis necesidades, móvil en mano.

¿Y no escuchó nada sospechoso?

Pues lo normal. Gente que entraba, hacía sus cosas y se iba sin lavarse las manos, los muy guarros.

¿Cuándo se dio cuenta de que le estaban observando por encima de los paneles separadores?

¡Por un reflejo en la pantalla del móvil! Y miro hacia arriba y había un crío de unos quince años. Y le digo, ¿pero qué miras?

¿Y le contestó?

Los peos que te tiras. Más viejo eso que yo qué sé. Y de repente, se saca un palo muy largo y ahí empezó todo, por Dios

¿Le pegó con el palo?

No, hombre. Atinando, atinando le dio al botón de la cisterna y claro, uno que es de nalgas anchas, pues que me hizo ventosa.

Y quedo atrapado.

Que no me podía mover, oye. Que intentaba levantarme y que no salía.

¿Y qué hizo entonces?

Después de un rato intentándolo me di cuenta de que tenía que pedir ayuda de alguna manera. Y fue cuando llamé a los bomberos aun sabiendo que todo iba a ser un circo de risas y carcajadas. Por lo menos tardaron unos quince minutos en aparecer. Imagino que pensaron que tampoco iba a ir a ningún sitio.

¿Cuántos bomberos se presentaron en la escena?

A lo menos media docena. No sé cómo pensaban hacer para meterse los seis allí dentro conmigo. Pero empezaron a desmontar todas las puertas, los paneles, los portarrollos, etc. Que al final me quedé plantado yo solo en medio de toda la estancia. Y el retrete, claro.

Ante esa situación tan traumática, ¿notó en algún momento que se riesen de usted?

No, hombre. Eran unos profesionales y como tal, de vez en cuando salían hacia afuera a recoger cualquier cosa y entonces era cuando yo escuchaba risas desde afuera. Pero nunca delante mía. Incluso uno me dijo para consolarme: “Esto suele pasar”. Yo le contesté que si era tan común, ¿por qué no hacían los retretes de otra forma?

¿Cómo consiguieron sacarle de aquella situación tan embarazosa?

Primero intentaron meter un tubito entre la porcelana y yo, para poder meter un poco de aire con la boca. Pero era demasiado endeble y no terminaba de llegar al fondo del asunto. Luego con una llave fija del trece, probaron a desatornillar la taza del suelo.

¿Y se solucionó con eso?

No. Pero por lo menos me pudieron mover con mucho cuidado hasta uno de los enchufes del baño por que se habían dejado el alargador en la central y querían probar con un taladro. Sacaron uno como el de las películas de ladrones, con un soporte y tres manivelas. Decían que tenían que evitar romper el retrete, por que los pedazos se podrían clavar en mis nalgas. Estuvieron media hora con el taladro para hacer un agujerito por el que entrase el aire.

Y en todo ese tiempo, ¿le apoyaban o decían algo?

Ah, sí. Vino un psicólogo para hablar conmigo mientras los bomberos estaban trabajando en la parte de abajo. Estuvimos charlando de un montón de cosas y de que, como pillase al niño del palo se lo iba hacer tragar en pedacitos para que tuviera que ir al baño cada media hora. Lo normal.

Después de esta experiencia, ¿le ha costado mucho volver a entrar en un baño?

Lo voy llevando. Ahora antes de salir de casa hago mis necesidades con la puerta cerrada y dos pestillos que puse. Así no me pilla el apretón en la calle.

¿Cuándo cree que podrá pasar página en este asunto y poder desahogarse en lugares públicos como cualquier persona?

Pues no lo sé. Según dice el psicólogo, en un par de meses ya se me habrá pasado todo.

Y hasta aquí llega nuestra entrevista con el Sr. Brinco. Un hombre que, por tal de no esperar a llegar a casa, se encontró en una situación tan trágica que llegó a ser cómica.

Siempre habrá un niño con un palo en nuestras vidas, pero para eso están ahí los bomberos.

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Pedro Guzmán Montero

Este abulense de los años 80 fue criado en Granada al amparo de un sol de justicia que cambió su vida para acabar afincado entre los páramos verdes y azules de las costas de ferrolterra. Escritor amateur que busca, con un lenguaje coloquial, el entendimiento del concepto y la asimilación de la idea principal. "Cierro los ojos, tecleo y hablo contigo"

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